Conducir nunca me pareció una actividad especialmente atractiva. De hecho, ahora mismo, a mis 31 años, sigue sin gustarme demasiado. Y si debo ser más sincero todavía, es una actividad que me produce un profundo respeto. Aunque me obligo a mí mismo a hacerlo, si no, ¿para qué me dejé 1.000 euros en el carné? Bueno, mis padres, que yo no tenía un duro. Como sabía que era algo que antes o después tendría que hacer, decidí sacármelo en Salamanca, con 22 o 23 años, mientras estudiaba la carrera. Salamanca, además, es una ciudad ideal para ello: chiquitita y tranquila (además de increíblemente bonita, pero eso no viene al caso).

Las academias de conducir son muy listas y tienen coches diésel para las prácticas. Así, mi primer día de conducción, yo iba tremendamente asustado por aquel mito que nos forman en la cabeza del juego de pies, los pedales y estas cosas. Y, de buena manera, levanto un poco el embrague y aquello tira para adelante sin mayor problema. “¡Qué fácil es arrancar! Cómo exagera la gente”, pensé. Después llegó el día, ya carné en mano y henchido de satisfacción, en que cogí el coche de mi padre, de gasolina. Después de dos horas de infructuosa intentona me fui a mi casa sin ser capaz de arrancarlo.

Todos nosotros somos coches diésel y coches de gasolina en nuestra vida en el aprendizaje de las lenguas. Mi sobrinito, de 1 año y medio de edad, dice sílabas y palabras sueltas. Aunque lo que más le gusta es completar lo que dice otra persona: si tú le dices Che… él dice ¡ca! (Checa es el nombre de la perra de mi hermano y mi cuñada), si le dices pa… él dice ¡pa!, si le dices ma… él dice ¡ma! Este niño, cuando tenga 5 años, dominará perfectamente las bases de la lengua sin que nadie le haya enseñado normas sintácticas, los verbos regulares e irregulares, los pasados, los futuros, nuestro mejor amigo el subjuntivo, la formación de palabras… el cerebro de un niño es una auténtica esponja que absorbe lengua cada segundo de su día a día. Para simplificarlo mucho, los niños aprenden todo el extremadamente complejo constructo que implica una lengua tan solo escuchando. Si, al tener 6 años, mi hermano y cuñada se fueran a vivir a Croacia, seguramente ellos tendrían que vivir un infierno lingüístico para aprender croata y desarrollar su vida con normalidad en aquel contexto idiomático; sin embargo, el niño, apuntándose al colegio, acabaría el curso entendiendo al profesor o profesora, al menos entendería los conceptos básicos de lo que dijera. Esta habilidad innata, fantástica e incomparable con ninguna otra del ser humano de cualquier otro momento de la vida, se pierde alrededor de los doce años. Pero, claro, no es un fin abrupto, sino paulatino, por lo que el período de decadencia de este auténtico don infantil empezaría antes. De hecho, la lenta pérdida de esta habilidad comenzaría justo en el momento en el que se discrimina entre todos los posibles sonidos que se pueden realizar para centrarse en los de su propia lengua, es decir, en el mismo inicio del habla.

Después de los doce años necesitamos un profe, clases semanales, intentar sonidos imposibles que nos hacen colocar la lengua en lugares insospechados en nuestra vida (al menos para hablar) y aprender palabras que no nos dicen absolutamente nada, así como terminaciones verbales o reglas sintácticas que a veces nos parecen un total absurdo… Aunque hay gente a la que admiramos por su capacidad y aparente facilidad para los idiomas, estos habilidosos adultos están lejísimos de tener la misma habilidad que tiene un niño o niña de menos de 7 años.

Es importante diferenciar entre lengua adquirida y lengua aprendida. Una lengua se adquiere mediante procesos llamados naturales, por interacción. Una lengua se aprende cuando se estudia, normalmente en centros académicos para ello (aunque existen los autodidactas), con materiales y recursos de apoyo.

El profesor juega un papel fundamental en el aprendizaje de una segunda lengua. Él es el encargado de poner en práctica una metodología concreta y desarrollarla de forma práctica en clase, con el reto de alcanzar unos objetivos que se deben ver reflejados en un incremento de conocimiento en el alumnado. En el método comunicativo (o su variante del enfoque por tareas), que es el que está en boga hoy día (hasta que venga uno nuevo), se hace hincapié en las competencias. Una competencia es, resumiendo mucho, una habilidad. Hay muchísimas: pragmática, sociocultural, sociolingüística, lingüística, gestual, discursiva… pero, en clase, aunque en una situación ideal deberían trabajarse todas, principalmente los esfuerzos se dirigen hacia cuatro: expresión oral, expresión escrita, comprensión auditiva y comprensión lectora. Cada una de ellas se corresponde, simplemente, a hablar, escribir, escuchar y leer.

En mi opinión, por experiencia personal, al mismo nivel que las cuatro anteriores están la competencia pragmática y la sociocultural. La pragmática es, dicho de una manera más sencilla, la competencia que te hace ser práctico, tener recursos. Buscar una solución a los problemas lingüísticos que se presenten, normalmente por desconocimiento. Es decir, que si no sabes la palabra “lavadora”, seas capaz de decir “la máquina para lavar ropa”. Pero más importante aún me parece la competencia sociocultural, a la que daba especial importancia en mis clases. Así, por ejemplo, podemos descubrir que la palabra “impuntual” en español y en alemán pueden significar cosas ligeramente diferentes. En español, una persona que siempre llega 10 minutos tarde no es impuntual, en alemán, sí. Esto responde a un concepto temporal mucho más flexible en la lengua latina. En algunas lenguas, en impensable llamar “tú” a alguien que no conoces, cuando en español es cada vez menos frecuente usar el “usted”, que, de hecho, se pierde a ritmo acelerado en la variante europea. Todos estos aspectos culturales son básicos para el conocimiento de la lengua. No es pertinente, además, cuando se trata de lenguas globales, dar el conocimiento cultural de un país cuando el alumno quiere ir a otro (por ejemplo, la pérdida del “usted” vale para España, pero no para Bolivia). Por eso el profesor tiene que ser un buen conocedor de todo el ámbito lingüístico de su lengua, o, al menos, no tener miedo a decir: no lo sé (que no es fácil, algunas veces), cuando se le pregunta por un país que no conoce.

La lengua más estudiada del mundo es, no podía ser de otra manera, el inglés. El segundo puesto se lo disputan el español y el francés. Aunque la lengua gala se estudia en más países como segunda lengua, parece que el número de estudiantes de español es superior, aunque las estadísticas varían mucho. El cuarto idioma sería el alemán.

Los profesores de español tienen, no obstante, una gran ventaja. El francés era una lengua importante (hoy ha perdido prácticamente todo su valor) en el mundo de la diplomacia, Alemania es un país receptor de inmigrantes de todos los demás países de la UE, por lo que aprender la lengua puede ser una necesidad laboral, y el inglés… qué decir, hemos llegado a ese triste momento en el que es la única lengua realmente necesaria en el mundo. En las aulas de enseñanza de todos estos idiomas puedes encontrar alumnos que lo estudien por alguna necesidad sin que les guste especialmente. Es decir, sobre todo en clases de inglés, puedes encontrar alumnos carentes de motivación. El español es una lengua importante no para lo que sirve, sino por lo que es, por ser el español, así, tal cual. La motivación es algo que, en general, los profesores de esta lengua tienen ya ganado. Los estudiantes se apuntan sin necesidad, solo porque quieren, por interés en la cultura española, en su comida, en sus playas, en su historia, en sus monumentos… o en algún país de América Latina.

Hoy día, solo tres lenguas se consideran realmente globales: inglés, francés y español. No es culpa de ninguna de ellas, pero probablemente en 500 años hayan acabado con todas las demás.

¡Léeme este artículo!

Más artículos de esta edición

Conducir nunca me ha interesado mucho. Hoy día, con 31 años, sigue sin gustarme. Pero me obligo a hacerlo porque me costó 1.000 euros aprobar el examen. Bueno, a mis padres. Me saqué el carné de conducir en Salamanca, con 22 o 23 años, mientras estudiaba la carrera. Salamanca, además, es una ciudad ideal para conducir: pequeña y tranquila (y bonita, pero eso es otro tema).

Las academias de conducir son muy listas y tienen coches diésel para las prácticas. El primer día estaba muy asustado por el mito del movimiento de pies y los pedales. Pero cuando levanté un poco el embrague el coche se movió sin problema. “¡Qué fácil es arrancar! Cómo exagera la gente”, pensé. Días más tarde cogí el coche de mi padre, de gasolina. Después de dos horas de intentos me fui a mi casa sin poder arrancarlo.

Todos nosotros somos coches diésel y coches de gasolina en el aprendizaje de las lenguas. Mi sobrino, de 1 año y medio de edad, dice sílabas y palabras sueltas. Aunque prefiere completar las palabras de los demás: si tú le dices Che… él dice ¡ca! (Checa es el nombre de la perra de mi hermano y mi cuñada), si le dices pa… él dice ¡pa!, si le dices ma… él dice ¡ma! Este niño, con 5 años, va a dominar perfectamente las bases de la lengua sin estudiar normas sintácticas, los verbos regulares e irregulares, los pasados, los futuros, el subjuntivo, la formación de palabras… el cerebro de un niño absorbe lengua cada segundo de su vida. Para simplificar mucho, aprenden solo con escuchar. Si, al tener 6 años, mi hermano y cuñada se van a vivir a Croacia, ellos vivirán un infierno para aprender croata y desarrollar su vida con normalidad, pero el niño, en el colegio, acabará el curso y entenderá al profesor o profesora, al menos los conceptos básicos. Esta habilidad innata, fantástica e incomparable con ninguna otra, se pierde sobre los doce años. Pero no es un fin abrupto, el período de decadencia de este don infantil empieza antes, justo cuando aprendemos los sonidos de nuestra lengua, en el mismo inicio del habla.

Después de los doce años necesitamos un profesor, clases semanales, intentar sonidos imposibles, aprender palabras raras, terminaciones verbales o reglas sintácticas… Hay adultos con aparente facilidad para los idiomas, pero están muy lejos de tener la habilidad de un niño o niña de menos de 7 años.

Es importante diferenciar entre lengua adquirida y lengua aprendida. Una lengua se adquiere mediante procesos de interacción. Una lengua se aprende cuando se estudia, normalmente en centros académicos (aunque existen los autodidactas), con materiales y recursos de apoyo.

El profesor es muy importante. Él debe poner en práctica una metodología concreta en clase para alcanzar unos objetivos en el alumnado. En el método comunicativo (o su variante del enfoque por tareas), el usado hoy día, se divide en competencias. Una competencia es, en resumen, una habilidad. Hay muchas: pragmática, sociocultural, sociolingüística, lingüística, gestual, discursiva… pero los esfuerzos se dirigen hacia cuatro principales: expresión oral, expresión escrita, comprensión auditiva y comprensión lectora. O, más simple, a hablar, escribir, escuchar y leer.

En mi opinión, por experiencia personal, son también muy importantes la competencia pragmática y la sociocultural. La pragmática sirve para tener recursos, buscar una solución a los problemas. Por ejemplo, si no conoces la palabra “lavadora”, poder decir “la máquina para lavar ropa”. Pero más importante me parece la competencia sociocultural, y le dedicaba un buen tiempo en mis clases. Por ejemplo, la palabra “impuntual” en español y en alemán pueden significar cosas un poco diferentes. Para un español, si llegas 10 min tarde, siempre, no eres impuntual, en alemán, sí. La lengua latina es, en el tiempo, más flexible. En algunas lenguas no puedes llamar “tú” a alguien desconocido, y en español usamos poco el “usted”; se está perdiendo en el español europeo. Todos estos aspectos culturales son básicos para el conocimiento de la lengua. Es importante diferenciar países y lenguas. Estos ejemplos valen para el español de España, pero no de Bolivia.

La lengua más estudiada del mundo es, claro, el inglés. El segundo puesto está entre el español y el francés, las estadísticas varían mucho. El cuarto idioma sería el alemán.

Los profesores de español tienen una gran ventaja. El francés era una lengua importante (hoy ha perdido casi todo su valor) en la diplomacia, Alemania es un país receptor de inmigrantes de todos los demás países de la UE, aprender la lengua puede ser una necesidad laboral, y el inglés… qué decir, hemos llegado a un momento muy triste: es la única lengua realmente necesaria en el mundo. En las aulas de enseñanza de todos estos idiomas puedes encontrar estudiantes por necesidad. Sobre todo en clases de inglés, puedes encontrar alumnos sin motivación. El español es una lengua importante no por su función, sino por ser el español, per se. La motivación es algo ya ganado. Los estudiantes se apuntan sin necesidad, solo porque quieren, por interés en la cultura española, en su comida, en sus playas, en su historia, en sus monumentos… o en algún país de América Latina.

Hoy día, solo tres lenguas se consideran realmente globales: inglés, francés y español. No es culpa de ninguna, pero, probablemente, serán las únicas habladas dentro de 500 años.

¡Léeme este artículo!

Más artículos para principiantes

Quiz: Aprender una lengua

¿Has entendido bien el artículo?

¡Compruébalo ahora! El nivel de este cuestionario es avanzado.

Unidad didáctica sobre el artículo. Nivel Avanzado (C1)

Esta unidad didáctica es para alumnos de español como lengua extranjera de nivel avanzado (C1). Trabajamos con algunas expresiones coloquiales, así como expresiones más específicas para dar cuerpo a un texto informal. La unidad incorpora un audio y un test para poner a prueba comprensión auditiva. Finalmente se proponen situaciones prácticas para que el alumno ponga en uso lo que acaba de aprender.

Unidad didáctica: Aprender una lengua. Nivel avanzado (C1)

Más artículos con unidad didáctica