Sí. Lo confieso. Soy simple. Soy tan simple que mi comida favorita es la patata, o la papa, en Latinoamérica.

No necesito productos gourmet, ni delicatesen exóticas. Con un par de patatas soy feliz. Esté donde esté siempre habrá una forma de cocinarlas y de cualquiera de las formas resultará un plato exquisito; puré de patatas, patatas fritas, patatas al horno, patatas rellenas, croquetas de patatas, patatas bravas…  y el plato estrella: simplemente patatas hervidas con aceite y sal.

Entiendo que a mucha gente no le resulte un plato muy apetitoso. Es cierto que en el supermercado las patatas no se venden de una forma atractiva. Las encuentras en bolsas feas, todas amontonadas y tienes que estar bien seguro de que las quieres comprar porque las tienes que cargar hasta casa.

Pero una vez en casa las colocas con cariño, en una cajita o en un cubo, de forma que se vean bonitas y ahí aguantarán hasta que te las hayas terminado, sin necesidad de refrigerarlas en la nevera. Es el alimento perfecto para tener siempre comida sana en casa.

Quizá esto explique por qué la patata es, en la actualidad, el cuarto alimento más consumido en el mundo y por qué ha sido el primer vegetal en cultivarse en el espacio. Es económico, se puede cultivar durante todo el año, se puede almacenar durante largo tiempo y tiene muchas propiedades nutritivas. Lo extraño es que los europeos tardaran tanto en darse cuenta de todos estos beneficios.

Tras la conquista de América se introdujo la patata en el continente europeo como planta exótica. Los agricultores decían que algo que salía del suelo era fruto del diablo. Decían que provocaba la peste y otras enfermedades. Solo cuando las hambrunas atacaron a los habitantes en tiempos de guerra se pensó en este tubérculo para la alimentación del pueblo.

Federico II de Prusia o Federico el Grande, sin embargo, se percató rápidamente de las cualidades de la patata y promovió activamente su cultivo, pero los agricultores se negaban a obedecer.

Cuenta la leyenda que Federico II el Grande avispado como era optó, como estrategia, por hacer todo lo contrario; prohibió su consumo. Únicamente la Corte podía cultivarlas y consumirlas. Mandó plantar patatas delante del palacio real en Berlín y el cultivo fue vigilado por el ejército durante el día. Por la noche, cuando los soldados se iban a su casa, los berlineses robaban ese alimento protegido. De ser un alimento ordinario y odiado pasó a ser un alimento prohibido y por ello deseado. Podríamos decir que fue una estrategia propagandística “a la antigua”.

Si la leyenda es cierta o no, se desconoce. Pero lo que sí se puede asegurar es que los alemanes son actualmente los principales consumidores de patatas del mundo y la forma que tienen de agradecer a Federico II su aportación es llevando patatas en vez de flores a su tumba.

Y yo, como gran amante de la patata que soy, me he sumado rápidamente a esta magnífica tradición gastronómica.

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Sí. Lo confieso. Soy simple. Soy tan simple que mi comida favorita es la patata, o la papa, en Latinoamérica.

No necesito productos gourmet, ni delicatesen exóticas. Con un par de patatas soy feliz. Siempre hay una forma de cocinarlas y siempre es un plato exquisito; puré de patatas, patatas fritas, patatas al horno, patatas rellenas, croquetas de patatas, patatas bravas…  y el plato estrella: simplemente patatas hervidas con aceite y sal.

Mucha gente piensa que no es un plato muy apetitoso. Es cierto que en el supermercado las patatas no se venden de una forma atractiva. Las encuentras en bolsas feas y tienes que estar seguro de que las quieres comprar porque las tienes que cargar hasta casa.

Pero una vez en casa las colocas con cariño de forma bonita en una cajita o en un cubo, y ahí aguantarán sin necesidad de ponerlas en la nevera. Es el alimento perfecto para tener siempre comida sana en casa.

Quizá esto explica por qué la patata es, en la actualidad, el cuarto alimento más consumido en el mundo y por qué ha sido el primer vegetal en cultivarse en el espacio. Es económico, se puede cultivar durante todo el año, se puede almacenar durante largo tiempo y tiene muchas propiedades nutritivas. Pero los europeos tardaron muchos años en darse cuenta de todos sus beneficios.

Después de la conquista de América la patata se plantaba en el continente europeo como planta exótica. Los agricultores decían que algo que salía del suelo era fruto del diablo. Decían que provocaba la peste y otras enfermedades. Solo cuando las hambrunas atacaron a los habitantes en tiempos de guerra pensaron en este tubérculo para la alimentación del pueblo.

Federico II de Prusia o Federico el Grande vio rápidamente las cualidades de la patata y promovió de forma activa su cultivo, pero los agricultores se negaban a obedecer.

Cuenta la leyenda que Federico II el Grande inteligente como era optó, como estrategia, por hacer todo lo contrario; prohibió su consumo. Únicamente la corte podía cultivarlas y consumirlas. Mandó plantar patatas delante del palacio real en Berlín. El ejército vigilaba el cultivo durante el día. Por la noche, cuando los soldados se iban a su casa, los berlineses robaban ese alimento protegido. De ser un alimento ordinario y odiado pasó a ser un alimento prohibido y consecuentemente deseado.  Podríamos decir que fue una estrategia de propaganda “a la antigua”.

Si la leyenda es cierta o no, no lo sabemos. Pero lo que sí se puede asegurar es que los alemanes son actualmente los principales consumidores de patatas del mundo y la forma que tienen de agradecer a Federico II su aportación consiste en llevar patatas a su tumba.

Y yo como gran amante de la patata que soy, me he sumado rápidamente a esta magnífica tradición gastronómica.

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Unidad didáctica sobre el artículo. Nivel Intermedio (B1)

Esta unidad didáctica es para alumnos de español como lengua extranjera de nivel intermedio (B1). Trabajamos con el vocabulario relacionado con la comida: sustantivos, adjetivos y también algunos verbos para cocinar. Repasamos el uso de ser y estar aplicado a los adjetivos de comida. También añadimos un pequeño quiz de comprensión. Finalmente practicamos la expresión escrita con un ejercicio final.

Unidad didáctica: Amante de la patata. Nivel intermedio (B1)