Se ha escrito mucho sobre bailar. Whitney Houston nos dijo que quería bailar con alguien que la quiera, Franco Battiato canta que todo gira mientras se baila y Sergio Dalma (que es un cantante español que siempre está afónico) cantó muchas veces, más de las que queríamos, que “bailar pegados es bailar, igual que baila el mar con los delfines”, sí señor, poesía pura. Y cuando nuestro señor Jesucristo escuchó a Sergio Dalma (porque seguro que incluso Él, también lo escuchó) creó los bailes de salón.

Para apuntarse a bailes de salón hay que tener un talante especial, igual que hay que tener un talante especial para ser médico o abogado. Es decir, no cualquiera puede. ¿Por qué? Esta pregunta se responde fácilmente escribiendo en google “bailes de salón“ y observando las fotos que aparecen.

¿Cómo se puede reconocer a alguien que va a clases de baile de salón? Es muy fácil. Son los que en las fiestas de verano se ponen a bailar como si no hubiera un mañana al son de la orquesta Aquarium, o la orquesta Tropical, o cualquier otra orquesta con nombre de verano. Estas orquestas se dedican a tocar en las fiestas populares cantando versiones rock, soul, copla, pop, blues, pachanga, reggaetón, rumba, salsa… para todos los gustos. Y allí, cerca de la orquesta, en el centro de la pista, nunca falta aquella pareja dispuesta a demostrar todo lo que ha aprendido a lo largo del año.

Normalmente, la gente que se apunta a bailes de salón, es de mediana edad, tirando a mayores. A partir de 50 años empieza a ser buena edad para hacer bailes de salón. Los jóvenes con mentalidad de viejo también se pueden apuntar a bailes de salón.

Una característica singular de los que hacen bailes de salón es que ríen mucho. Es muy importante ser una persona muy risueña si haces bailes de salón. Fijaos en las fotos que encontráis en Internet. Todos sonríen tanto, que parece que en unos segundos se les va a romper la cara de tanto estirar los labios.

Y es que eso debe ser la felicidad, los bailes de salón.

Lo bonito de los bailes de salón es que los bailes de salón, son muchos bailes: tango, rock and roll, mambo, salsa, paso doble… Por eso encajan tan bien los bailarines de salón con las orquestas de verano. Son todoterrenos de la música.

Por cierto, ahora que he nombrado el paso doble. Creo que es mi obligación en este artículo explicar el paso doble. Es difícil explicar qué es un baile sin música y sin imagen. Quizá la mejor manera de explicar qué es un paso doble es deciros que busquéis en youtube:“ Pasodoble, España Cañi“ y os imaginéis una plaza de pueblo, una pequeña orquesta tocando, en frente de la orquesta, bailando, un público muy variado: niños, jóvenes con rastas, viejos mirones… de todo; pero no acabaréis de entender bien lo que es un paso doble si no os imagináis, entre el público, a dos abuelas bailando juntas el paso doble, dos abuelas de toda la vida, la tuya y la mía, que no han convencido a los maridos para que bailen, así que se han puesto las dos a bailar juntas. Esto es el paso doble, una plaza de verano con público y las dos abuelas, que nunca faltan.

Ya por último, me gustaría comentar un baile común en todas partes. Lo baile quien lo baile, en cualquier parte del mundo, se baila igual. Este es el baile del borracho.

Tiene muchas vertientes, todo depende del grado de borrachera, es decir, de poca vergüenza.

Está el que pierde la vergüenza con un par de copas y da rienda suelta a sus pasos inventados de baile, y sí, hace el ridículo. Luego está el que salta y pisa a los de su alrededor, y da igual la música que suene, ya sea rock ya sea vals. Y luego está el que de tan borracho, no recuerda el camino a casa y prefiere quedarse bailando. Este no baila, este se tambalea, casi duerme, casi sueña. Eso sí, en medio de la pista.

En cualquier caso, lo importante es bailar. Dejarse llevar al ritmo de la música, da igual de qué estilo. Porque lo más sabio es seguir los consejos de los sabios: let’s dance!

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Se ha escrito mucho sobre bailar. Whitney Houston quería bailar con alguien amado, para Franco Battiato, todo gira mientras se baila y Sergio Dalma (un cantante español siempre afónico) cantó muchas veces, más de las deseadas: “bailar pegados es bailar, como baila el mar con los delfines”, sí señor, poesía pura. Y cuando nuestro señor Jesucristo escuchó a Sergio Dalma (porque seguro que incluso Él también lo escuchó) creó los bailes de salón.

Para apuntarse a bailes de salón hay que tener un talante especial, como hay que tener un talante especial para ser médico o abogado. No cualquiera puede. ¿Por qué? Esta pregunta se responde fácil; escribe en Google “bailes de salón“ y observa las imágenes.

Es muy fácil reconocer a un aficionado a los bailes de salón: en las fiestas de verano se ponen a bailar cuando suena la orquesta Aquarium, o la orquesta Tropical, o cualquier otra orquesta con nombre de verano. Estas orquestas se dedican a tocar en las fiestas populares y cantan versiones rock, soul, copla, pop, blues, pachanga, reguetón, rumba, salsa… para todos los gustos. Y allí, cerca de la orquesta, en el centro de la pista, nunca falta aquella pareja dispuesta a demostrar cómo baila.

Normalmente, suele ser gente de mediana edad, un poco mayores. Desde los 50 años es buena edad para hacer bailes de salón. Los jóvenes con mentalidad de viejo también se pueden apuntar a bailes de salón.

Estas personas, normalmente, ríen mucho. Es muy importante ser una persona muy risueña si haces bailes de salón. Mirad las fotos de Internet. Todos sonríen mucho,  parece que en unos segundos se les va a romper la cara de tanto estirar los labios.

Los bailes de salón son la felicidad.

Los bailes de salón son bonitos porque son muchos bailes: tango, rock and roll, mambo, salsa, pasodoble… Por eso van bien con las orquestas de verano. Son todoterrenos de la música.

Por cierto, es mi obligación en este artículo explicar el pasodoble. Es difícil explicar qué es un baile sin música y sin imagen. Quizá la mejor manera de explicar qué es un pasodoble es recomendar un vídeo en youtube:“ Pasodoble, España cañí“; podéis imaginar una plaza de pueblo, una pequeña orquesta, en frente de la orquesta baila un público muy variado: niños, jóvenes con rastas, viejos mirones… de todo; pero no podéis entender bien qué es un pasodoble si no os imagináis, entre el público, a dos abuelas bailando juntas el pasodoble, dos abuelas de toda la vida, la tuya y la mía, las pobres no han convencido a los maridos para bailar y han salido las dos a bailar juntas. Esto es el pasodoble, una plaza de verano con público y las dos abuelas; nunca faltan.

Por último, quiero comentar un baile común en todas partes. Se baila igual en todo el mundo. Este es el baile del borracho.

Tiene muchas variantes, todo depende del grado de borrachera, es decir, de poca vergüenza.

Puedes perder la vergüenza con un par de copas y inventarte tus pasos de baile, y sí, hacer el ridículo. Puedes saltar y pisar a la gente de alrededor, sin importar la música: rock o vals. O puedes estar demasiado borracho, no recordar el camino a casa y preferir bailar más. Este no baila, este se tambalea, casi duerme, casi sueña. Eso sí, en medio de la pista.

En cualquier caso, bailar es importante. Sentir el ritmo de la música, da igual de qué estilo. Porque es muy sabio seguir los consejos de los sabios: let’s dance!

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