Cuando pensamos en hacer una escapada hacia la zona volcánica de Cataluña, la Garrotxa, no se nos puede pasar por alto la visita a dos de los municipios más bonitos: Besalú y Castellfollit de la Roca. Ambos requieren una mención especial debido a que uno nos trasladará a principios de la Edad Media y el otro nos ofrecerá una espectacular localización.

  • Besalú, un viaje a la Alta Edad Media

El origen de este singular municipio se encuentra en su castillo, documentado desde el siglo X, construido encima de un cerro y donde actualmente podemos observar los restos de la capilla de los canónigos de Santa Maria de Capellada.

Paseando por el pueblo encontraremos algunos fragmentos de la muralla que rodeaba el castillo y el núcleo de la población, un portal formado por una gran arcada en la calle del conde Tallaferro y otros elementos construidos hace más de diez siglos. Aunque el trazado actual del municipio no responde exactamente al de su origen, sí que conserva grandes rasgos de cómo había sido en la Edad Media, como, por ejemplo, su característico puente, el cual mantiene una torre fortificada por la que podemos pasar cuando entramos al pueblo.

Andando por sus bonitas calles vamos conociendo parte de su historia, como en los baños de purificación judíos, la iglesia del Monasterio de San Pedro de Besalú y San Julián, el antiguo hospital de peregrinos o la sala gótica del Palacio de la Curia Real. Todos estos elementos hacen que en determinados momentos uno se sienta parte de esa población que diez siglos atrás vivía en la zona y desarrollaba su vida en estos espacios.

La visita a Besalú se adapta a nuestros planes en cualquier época del año. En invierno estamos acompañados por el aroma del humo de las chimeneas que calientan las casas y, en verano, el calor y el sol característicos nos permiten refugiarnos bajo las arcadas de la plaza mayor para tomar el fresco. Sin duda, una opción más que recomendable para quien decida acercarse a las tierras gerundenses y conocer un poco su pasado.

  • Castellfollit de la Roca, un municipio en lo más alto

Por otro lado, si vamos a la Garrotxa tampoco podemos perdernos Castellfollit de la Roca, uno de los pueblos más curiosos de toda Cataluña debido a su superficie de menos de 1 km. La escasa extensión del pueblo se debe a que está asentado sobre un montículo de 50 metros de altura, formado a partir de la acción erosiva de los ríos Fluvià y Toronell sobre unos restos volcánicos de hace miles de años.

El pueblo ha adquirido una espectacular forma que se caracteriza con la localización de las casas prácticamente al borde del acantilado, lo que impresiona a cualquiera. Además, en la última parte del pueblo, y al final de la superficie, se encuentra la iglesia de San Salvador donde se ha habilitado un mirador para tener una buena panorámica de la naturaleza que rodea el municipio.

Para observar el pueblo en todas sus perspectivas debemos estar atentos desde el momento en que nos acercamos por la carretera. Justo en ese momento, ya encontramos una de las imágenes más icónicas de Castellfollit de la Roca con una visión global del municipio en lo alto del montículo. Además, al llegar, podremos disfrutar de un paseo muy bonito por sus pequeñas callejuelas, así como, para los más atrevidos y quien no tenga vértigo, ir al mirador y contemplar relajadamente la naturaleza característica de la Alta Garrotxa.

A pesar de la progresiva despoblación de este tipo de localidades tan pequeñas, aún podemos encontrar a varias personas que viven en el pueblo y a otras que, aunque no viven ahí, han creado negocios como algún restaurante donde podremos culminar nuestra visita probando la comida típica.

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Si vamos a la Garrotxa no podemos perdernos Besalú y Castellfollit de la Roca. Son dos pueblos especiales: uno nos traslada a principios de la Edad Media y el otro nos ofrece una espectacular localización.

• Besalú, un viaje a la Alta Edad Media
El origen de este municipio es su castillo, documentado desde el siglo X, construido encima de un cerro.

Podemos observar los restos de la capilla de los canónigos de Santa Maria de Capellada.

Por el pueblo encontraremos algunos fragmentos de la muralla del castillo, un portal formado por arcos en la calle del conde Tallaferro y otros elementos de más de diez siglos. El trazado actual del municipio conserva grandes rasgos de la Edad Media, como, por ejemplo, el puente con torre fortificada de entrada.

De paseo por sus bonitas calles conocemos parte de su historia: los baños de purificación judíos, la iglesia del Monasterio de San Pedro de Besalú y San Julián, el antiguo hospital de peregrinos o la sala gótica del Palacio de la Curia Real.

En invierno estamos acompañados por el aroma del humo de las chimeneas y, en verano, el calor y el sol característicos nos permiten refugiarnos bajo los arcos de la plaza mayor para tomar el fresco. Sin duda, una opción recomendable.

• Castellfollit de la Roca, un municipio en la cima

Tampoco podemos perdernos Castellfollit de la Roca, un pueblo muy curioso: su superficie tiene menos de 1 km. Está en un montículo, de 50 metros de altura, formado por la acción erosiva de los ríos Fluvià y Toronell sobre unos restos volcánicos de miles de años.

Las casas están al borde del acantilado y son impresionantes. Además, al final de la superficie, encontramos la iglesia de San Salvador con un mirador para tener una buena panorámica de la naturaleza de los alrededores.

Debemos estar atentos desde el primer momento, cuando nos acercamos por la carretera, porque ya encontramos una de las imágenes más icónicas de Castellfollit de la Roca: una visión global del municipio en la cima. Además, al llegar, podremos disfrutar de un paseo muy bonito por sus pequeñas calles y contemplar relajadamente la naturaleza en su mirador.

Aún podemos encontrar a varios habitantes del pueblo, aunque son pocos. Algunas personas han creado negocios, como algún restaurante, para terminar nuestra visita con un plato de comida típica.

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Ia Bonet
Ia Bonet estudió Periodismo y actualmente se encuentra ampliando conocimientos con el grado de Historia del Arte. Barcelonina de toda la vida, viajera y con un carácter extrovertido y social es una apasionada de la comunicación y la cultura. Ha colaborado puntualmente con diferentes medios de carácter local así como en diferentes ramas de la profesión periodística. Su meta es compartir su pasión hacia la cultura y el arte por todas las vías posibles.