La primera ciudad que visitan todos los turistas cuando vienen a España es Barcelona. Y es comprensible: está mejor situada geográficamente, tiene playa, el clima es suave todo el año, los edificios y parques de Gaudí son famosos en el mundo entero… y lo más importante de todo: Barcelona se sabe vender como pocas ciudades del mundo. Madrid, en cambio, es una de las grandes ciudades más torpes para promocionarse.

Pensad un segundo: ¿qué hay en Madrid? ¿Cuál es su fama? Si no habéis estado nunca, no sois un alto ejecutivo de una multinacional o no os habéis interesado por el tema, seguramente os quedéis pensando un buen rato, se os pondrá cara de extrañeza y llegaréis a la conclusión de que no tenéis ni idea. Y es normal, la ciudad nunca ha sabido exportarse al mundo.

Lo curioso es que el concepto de Madrid es injusto también entre los españoles. Nosotros solo conocemos de Madrid el Museo del Prado, la Cibeles, el fútbol, que la gente es muy chula y que tiene fama de ciudad fea. Además, parece que no existe en la historia del país hasta el siglo XVI, cuando Felipe II la hizo capital.

Antes de ser nombrada sede de gobierno, Madrid había celebrado las Cortes del Reino de Castilla en 9 ocasiones, como mínimo, y era una de las 17 ciudades del país que tenían representación y voz propia en ellas. Así, la capitalidad no fue algo extraordinario, como muchas veces se piensa. Las razones por las que se eligió sí son un misterio aún hoy día, ya que había otras ciudades, como Sevilla, Burgos, Valladolid o Toledo, mucho más importantes.

Madrid se convirtió así en la capital de la entonces joven España, aunque no fue su ciudad más rica ni grande hasta el siglo XX (lo fueron Sevilla, primero, y Barcelona, después). Sin embargo, hay algo que no ha cambiado desde hace 500 años: es la gran ciudad cultural de la península desde el momento en que el rey se trasladó a ella.

En los siglos XVI-XVII, época de mayor esplendor de las artes (y, menos conocido, las ciencias) españolas, podíamos encontrar por sus calles a Quevedo, Calderón, Lope de Vega, Cervantes, Góngora, Velázquez, Zurbarán… pintores, poetas, arquitectos, científicos; los nombres más famosos de la historia de las humanidades españolas vivieron en Madrid. En el siglo XVIII fue la ciudad más ilustrada de España, y son testigos los mejores ejemplos del neoclásico español, como el Palacio Real, el más grande de Europa occidental (el doble que los de Buckingham o Versalles), o las esculturas de Cibeles y Neptuno. En el siglo XIX, los grandes nombres del realismo español viven todos en la capital: Clarín, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán… y el poeta romántico Bécquer también se trasladó de Sevilla a Madrid. A principios del siglo XX, cuando el país dio otra gran generación de nombres al mundo, encontramos de nuevo el foco en Madrid. Fue la llamada Edad de Plata de las letras y las ciencias, de la que formaron parte hombres como el premio Nobel de medicina Santiago Ramón y Cajal, el premio Nobel de literatura José de Echegaray, el único filósofo relevante de toda la historia de España: Ortega y Gasset… también es la época de la Residencia de Estudiantes, escuela para jóvenes artistas donde estudiaron o frecuentaban Luis Buñuel, Salvador Dalí, García Lorca, Bacarisse, Bello, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti… y podría seguir así todo el artículo.

En Madrid es obligatorio caminar por sus barrios con marcada personalidad. Malasaña es la zona hípster, rockera, underground y alternativa de la ciudad; sus calles fueron el epicentro del importante movimiento cultural de la Movida. Podemos tomarnos un selecto cóctel, un smoothie o alguna delicatessen moderna en una de sus terrazas rodeados de las más grandes y cuidadas barbas que podáis imaginar; todo ello acompañado de la música de grupos tan modernos que aún no existen y bares de estética vintage. Chueca es el centro de la vida gay/lésbica, y es el barrio de ambiente más importante de Europa. Aquí los locales son elegantes y de diseño. Tiene, además, una zona realmente señorial y agradable, las calles entre la plaza de París y la plaza del Rey. Estos dos barrios son, para qué negarlo, de auténtico postureo (aunque en Madrid el postureo no llega nunca al nivel que alcanza en otras ciudades, es una ciudad muy directa, sin grandes pretensiones).

Cruzando el auténtico museo de arquitectura del siglo XX que es la calle Gran Vía, llegamos a los otros tres barrios del casco antiguo. Huertas, donde en el siglo XVI-XVII vivieron casi todas las personalidades literarias, es el punto de encuentro de los extranjeros, lleno de pubs irlandeses y estudiantes Erasmus. No es una zona muy interesante para un habitante de la ciudad, aunque tiene muy buenos bares de tapas. Eso sí, sus calles y plazas son realmente preciosas. Lavapiés es el único barrio que aún no ha sufrido el famoso proceso de gentrificación, y está habitado, principalmente, por pakistaníes, indios y bangladesíes, aunque es el barrio más de moda, y cada vez es más normal encontrar bares de rock, gays, hippies y hípsters. Pasear por las calles de Lavapiés es muy agradable, con sus balcones llenos de flores, sus animadas terrazas y el ambiente de fusión cultural que tiene. Y, por último, La Latina, que corresponde con la zona popular del Madrid del siglo XVII, cuando era capital de un imperio en el que nunca se ponía el sol. Es un barrio especialmente famoso para ir de tapas y cañas los domingos por la tarde, con una oferta gastronómica muy amplia.

Pero detrás de esta capital de rincones y barrios, también hay una gran urbe internacional. Madrid es la tercera ciudad más grande de la Unión Europea después de Londres y Berlín, y su área metropolitana es también la tercerea, tras Londres y París. Alrededor de seis millones y medio de personas viven en ella y las ciudades colindantes. Asimismo, es el principal centro económico y bursátil del sur de Europa, por delante de ciudades como Barcelona, Milán, Lisboa, Roma o Atenas. Es también la cuarta ciudad más rica de toda Europa, solo por detrás de Londres, París y Moscú, y el tercer mayor mercado de valores del continente. También es la octava ciudad del mundo con más multinacionales, por delante de Dubái, París o Nueva York. Acoge la sede de la Organización Mundial del Turismo y de la Organización Internacional de Comisiones de Valores. En el Paseo del Prado, una amplia avenida, encontramos una de las más importantes concentraciones de pintura del mundo: el conocido como triángulo del arte. El nombre se debe a la presencia de los 3 museos más importantes de la ciudad: el Museo del Prado (pintura y escultura hasta el siglo XVIII), el Reina Sofía (contemporánea) y el Thyssen-Bornemisza (de todo).

La inmensa mayoría de los que hemos venido a vivir a Madrid, seamos españoles o extranjeros, coincidimos: es una ciudad que sabe acoger a todo el mundo. Es caótica, ruidosa, un poco sucia incluso, pero lo compensa todo con la vida que rebosa en cada una de sus calles, en la tolerancia y el dejar vivir que desprende, en la alegría contagiosa que invade cada una de sus plazas. Es una ciudad sincera, no se molesta en adoptar actitudes ni poses, te enseña todo lo malo y todo lo bueno desde el primer momento en que la pisas. Perdida en mitad de la meseta castellana, no puedes imaginar encontrar una ciudad tan luminosa, no por la luz del sol, que por cierto abunda, sino por la arquitectura de sus casas y palacetes del siglo XIX, y es que Madrid no es gris, Madrid es de colores. En todos los sentidos. Solo hace falta admirar la belleza de la luz rebotando en las casas pintadas de colores pastel de Lavapiés, tirarse al atardecer en los jardines del templo egipcio de Debod, pasar un domingo tomando tapas y cañas por las calles imperiales de la Latina o disfrutar de la música de una guitarra, un acordeón o un violonchelo mientras contemplas el Palacio Real en la Plaza de Oriente para acabar completamente enamorado de una ciudad que nunca descansa. Y para terminar, nada mejor que tirarse en el césped del parque del Retiro, junto a uno de sus lagos y estanques, o bajo una de sus esculturas románticas, para disfrutar de la más absoluta tranquilidad en mitad de una gran urbe moderna.

Ah, sí, también tiene un equipo de fútbol muy famoso…

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Madrid se promociona muy mal. Pensad un segundo: ¿qué hay en Madrid? Si no habéis estado nunca, no sois un alto ejecutivo de una multinacional o no os habéis interesado por la ciudad, diréis: no tengo ni idea. Y es normal, la ciudad nunca ha sabido exportarse al mundo.

Pero tampoco se ha sabido exportar a España. Nosotros solo conocemos de Madrid el Museo del Prado, la Cibeles, el fútbol y tiene fama de ciudad fea. Además, no existe en la historia del país hasta el siglo XVI, cuando Felipe II la hizo capital.

Antes de ser nombrada sede de gobierno, Madrid celebró las Cortes del Reino de Castilla en 9 ocasiones, como mínimo, y era una de las 17 ciudades del país con representación y voz propia en ellas. La capitalidad no fue algo extraordinario, como muchas veces pensamos. Las razones de su elección sí son un misterio aún hoy, porque había otras ciudades, como Sevilla, Burgos, Valladolid o Toledo, que eran mucho más importantes.

Madrid se convirtió así en la capital de una joven España, aunque no fue su ciudad más rica ni grande hasta el siglo XX (fue Sevilla, primero, y Barcelona, después). Sin embargo, algo no ha cambiado desde hace 500 años: es la gran ciudad cultural de la península.

En los siglos XVI y XVII, época de mayor esplendor de las artes (¡y también de las ciencias!) españolas, podíamos encontrar por sus calles a Quevedo, Calderón, Lope de Vega, Cervantes, Góngora, Velázquez, Zurbarán… pintores, poetas, arquitectos, científicos; los nombres más famosos de la historia de las humanidades españolas vivieron en Madrid. En el siglo XVIII fue la ciudad más ilustrada de España, y son testigos los mejores ejemplos del neoclásico español, como el Palacio Real, el más grande de Europa occidental (el doble que los de Buckingham o Versalles), o las esculturas de Cibeles y Neptuno. En el siglo XIX, los grandes nombres del realismo español viven todos en la capital: Clarín, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Bécquer… A principios del siglo XX, cuando el país dio otra gran generación de nombres al mundo, encontramos de nuevo el foco en Madrid. Fue la llamada Edad de Plata de las letras y las ciencias, con el Premio Nobel de medicina Santiago Ramón y Cajal, el Premio Nobel de literatura José de Echegaray, el mejor filósofo español: Ortega y Gasset… también es la época de la Residencia de Estudiantes, donde estudiaron o frecuentaban Luis Buñuel, Salvador Dalí, García Lorca, Bacarisse, Bello, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti…

En Madrid es obligatorio caminar por sus barrios con marcada personalidad. Malasaña es la zona hípster, rockera, underground y alternativa de la ciudad; Chueca es el centro de la vida gay/lésbica, y es el barrio de ambiente más importante de Europa.

Cruzando Gran Vía, auténtico museo de arquitectura del siglo XX, llegamos a los otros tres barrios del casco antiguo. Huertas, donde en el siglo XVI-XVII vivieron casi todas las personalidades literarias, es el punto de encuentro de los extranjeros, lleno de pubs irlandeses y estudiantes Erasmus. Lavapiés es el único barrio sin gentrificación del centro, y está habitado, principalmente, por pakistaníes, indios y bangladesíes, aunque es el barrio más de moda. Y, por último, La Latina, el Madrid popular del siglo XVII. Es un barrio famoso para ir de tapas y cañas los domingos.

Pero Madrid también es una gran urbe internacional. Es la tercera ciudad más grande de la Unión Europea después de Londres y Berlín, y su área metropolitana es también la tercerea, tras Londres y París. Alrededor de seis millones y medio de personas viven en ella. También es el principal centro económico y bursátil del sur de Europa, por delante de ciudades como Barcelona, Milán, Lisboa, Roma o Atenas. Es también la cuarta ciudad más rica de toda Europa, solo por detrás de Londres, París y Moscú, y el tercer mayor mercado de valores del continente. También es la octava ciudad del mundo con más multinacionales, por delante de Dubái, París o Nueva York. Acoge la sede de la Organización Mundial del Turismo y de la Organización Internacional de Comisiones de Valores. En el Paseo del Prado, está el triángulo del arte. El nombre se debe a la presencia de los 3 museos más importantes de la ciudad: el Museo del Prado (pintura y escultura hasta el siglo XVIII), el Reina Sofía (contemporánea) y el Thyssen-Bornemisza (de todo).

Casi todos los habitantes de Madrid, españoles o extranjeros, coincidimos: es una ciudad acogedora. Rebosa vida en cada calle, es tolerante, deja vivir y tiene una alegría contagiosa. Es una ciudad sincera, te enseña las cosas buenas y malas desde el primer momento.

Ah, sí, también tiene un equipo de fútbol muy famoso…

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Bernardo Ríos
Nació en Cádiz, una pequeña ciudad en Andalucía, en el sur de España. Estudió Filología Románica en Salamanca. Estuvo un año enseñando español en Singapur y ahora vive en Madrid, ciudad que le apasiona. Le gusta conocer otras culturas, la historia, el arte, la literatura y los idiomas. Ahora trabaja en una academia de español en Madrid.