¿Os imagináis guardar las botellas de leche (llenas) durante años en un sótano y después vender una botella a 200 euros?

¿Os imagináis que la leche viene de la uva?¿Os imagináis que alguien tritura la uva con los pies?¿Os imagináis unos pies sucios?

Pues esto mismo es lo que sucede con el vino.

El vino pasa de ser una uva triturada por un pie, a ser un líquido tan preciado como el oro. Gracias al vino hay gente que demuestra sus antiguos orígenes aristocráticos mediante su sobrado conocimiento de vinos. Aunque no todos los que saben de vino son necesariamente de origen aristocrático. También hay quien sabe mucho de vino porque sabe mucho de vino, y punto.

Y después estamos el resto del mundo y los adolescentes.

Cuando era adolescente, creía que no me gustaba el vino. Bebía vino Don Simón, conocida marca en España por lo malo que es el vino que vende, que va empaquetado en tetrabrik. No digo más. Un día probé un vino que habían servido en copa, por primera vez dejaba de beber el vino con el morro pegado a un tetrabrik para beberlo en copa. ¡Coño, esto está bueno! dije; eso marcó un antes y un después en mi vida: descubrí que me gustaba el vino. Y me aficioné.

¿Habéis ido a misa alguna vez? Ir a misa es ir a la iglesia los domingos a no escuchar lo que dice el cura. A mi me obligaban a ir, no sabéis qué sopor… Pero ¡ay! Hacia el final de la misa llegaba la hora de repartir la hostia y el vino. Me disponía feliz a hacer cola para recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, rodeada de cánticos celestiales. El cuerpo de Cristo un poco insípido, pero la sangre… no sabéis lo buena que estaba aquella sangre…

El resto de encuentros que he tenido con el vino han sido más vulgares.

Mi encuentro más vulgar con el vino fue la época en la que bebía calimocho, es decir, vino con cola. Por supuesto, para hacer calimocho escoges el vino más malo (ergo el más barato) y, para disimular el sabor horrible del vino, le echas cola, y así en bucle hasta el infinito. La prima de una amiga me dijo que una vez probó (accidentalmente) calimocho hecho con vino bueno, y se ve que el calimocho parecía de calidad.

Por lo que no pasé nunca y me atrevo a decir que ningún otro español tampoco, es por la sangría. La sangría es el típico producto nacional que sólo beben los de fuera. Otra cosa muy típica nacional que los de casa no hacemos: beber sangría y comer sucedáneo de paella en Las Ramblas de Barcelona.

Pero hay un típico producto nacional que sí beben los españoles: el tinto de verano. Y ¿qué es el tinto de verano? os preguntaréis. Pues el tinto de verano es calimocho para adultos. Es decir, los adolescentes beben vino barato a temperatura semi-cálida (según la estación del año en que lo beba, estará más caliente o menos) con cola; y, la gente mayor, con sentido común, bebe vino barato frío con gaseosa y a eso lo llama tinto de verano, puesto que lo bebe sólo en verano. Y eso es lo que distingue a una persona con sesos de un adolescente: la persona con sesos bebe el vino malo frío, el adolescente no.

Mi siguiente encuentro con el vino es el que me voy a beber esta noche, blanco o negro, da igual, bueno o malo, tampoco importa. Que se pueda beber y que no me deje los labios y los dientes lilas, que parece que en vez de beber vino me haya comido un pintalabios. Eso es todo lo que le pido al vino.

Zum Wohl!

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¿Os imagináis guardar leche durante años y después vender una botella a 200 euros?

Pensad que la leche viene de la uva y una persona con pies sucios pisa esas uvas.

Pues esto pasa con el vino.

El vino es uva triturada por un pie, pero después es un líquido tan preciado como el oro. Algunas personas demuestran sus antiguos orígenes aristocráticos con su conocimiento de vinos. Aunque no todos los entendidos de vino son de origen aristocrático. Algunos saben mucho de vino porque saben mucho de vino, y nada más.

Y después estamos el resto del mundo y los adolescentes.

Cuando era adolescente no me gustaba el vino. Bebía vino Don Simón, conocida marca en España por su mala calidad y por su tetrabrik. Un día probé un vino en copa, por primera vez no bebía vino directamente de un tetrabrik. “¡Coño, esto está bueno!”, dije. Mi vida cambió:  me gustaba el vino. Ahora soy aficionada.

¿Habéis ido a misa? Ir a misa es ir a la iglesia los domingos para no escuchar al cura. A mí me obligaban a ir, no sabéis qué aburrimiento… Pero ¡ay! Al final de la misa daban la hostia y el vino. Iba feliz a recibir el cuerpo y la sangre de Cristo entre cánticos celestiales. El cuerpo de Cristo un poco insípido, pero la sangre… estaba buena aquella sangre…

El resto de encuentros con el vino han sido más vulgares.

Mi encuentro más vulgar con el vino fue el calimocho: vino con cola. Para hacer calimocho coges el peor vino (el más barato) y, para disimular el sabor horrible, le echas cola. Una amiga probó calimocho hecho con vino bueno, y parecía calimocho de calidad.

Y no soporto la sangría. La sangría es el típico producto nacional para extranjeros. Otra cosa muy típica para extranjeros, no para españoles: beber sangría y comer sucedáneo de paella en Las Ramblas de Barcelona.

Pero sí consumimos un típico producto nacional: el tinto de verano. Y ¿qué es el tinto de verano? Calimocho para adultos. Los adolescentes beben vino barato medio caliente (según la estación del año) con cola; y, la gente mayor, con lógica, bebe vino barato frío con gaseosa, eso es un tinto de verano, porque lo bebemos sólo en verano. Esa es la diferencia entre una persona con cerebro y un adolescente: la persona con cerebro bebe el vino malo frío, el adolescente no.

Mi siguiente encuentro con el vino es esta noche, blanco o negro, da igual, bueno o malo, tampoco importa si no me deja los labios y los dientes lilas, porque entonces parece que me he comido un pintalabios. Eso le pido al vino.

Zum Wohl!

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