Para cuidar bien a un animalito solo tienes que hacer dos cosas: asegurarte de que tiene comida y asegurarte de que tiene bebida. Todo lo demás está sujeto a relatividades circunstanciales, pero estos dos puntos son indiscutibles. Pasa exactamente lo mismo con las personas. Agua y comida.

Cumpliendo estas dos premisas estarás satisfaciendo las necesidades básicas; pero, como habréis podido pensar alguno, cubrir el mínimo no es suficiente para llevar una vida digna. Al perro hay que sacarlo a la calle, al gato hay que cambiarle la arena… y las personas hemos necesitado, siempre, alimentar, además del cuerpo, el espíritu.

Como desconocemos qué alimenta realmente el alma, nos hemos servido, metafóricamente, de lo que alimenta el cuerpo para simbolizar la riqueza de espíritu; así, son conocidas las ofrendas de comida que hacen budistas e hindúes a sus dioses o seres venerados. A nosotros, dejar comida a una estatua nos parece un poco más raro (aunque también se hace por doquier en el mundo cristiano), pero tenemos muchas prácticas en las que la comida y la bebida simbolizan la unión con el mundo desconocido del más allá, como en todas las religiones. Y a partir de ahora me centro en el agua, que es de lo que quiero hablar realmente.

El inicio de la vida de un cristiano, como tal, empieza con agua. El bautizo simboliza el rechazo del pecado con el que todos los cristianos nacen por culpa de Adán y Eva. Rociando el líquido se purifica el alma, que entra a formar parte de la Iglesia, la comunidad cristiana. Además, el agua bendita es parte importante de sus creencias (expulsa a demonios, como se puede ver en la mítica El exorcista), y se han otorgado poderes divinos a diversas emanaciones de agua, como puede ser el santuario de la Virgen de Lourdes, en Francia.

En el islam el agua es el símbolo de pureza más importante y frecuente. Hay que lavarse el cuerpo completo antes de la oración de los viernes, la más importante de la semana, y antes de tocar el Corán. A diario, el musulmán debe lavarse la cabeza, las manos, los antebrazos y los pies antes de las cinco oraciones. En las mezquitas siempre hay fuentes u otros puntos de agua para estas abluciones. Si, en algún caso, faltara agua, suelen limpiarse con arena. Además, los musulmanes también cuentan con una emanación de agua sagrada, el pozo de Zamzam, en la Meca.

El Mikve es un baño ritual judío que se practicaba antes para hombres y mujeres, aunque hoy en día solo las mujeres están obligadas a practicarlo cuando termina el ciclo menstrual. Muy igualitario.

En la religión tradicional japonesa, el sintoísmo, existe una práctica de baño ritual llamada Misogi. Se cuenta que el primero en llevarla a cabo fue el kami (dios, aunque no exactamente) Izanagi, cuando se sumergió en el mar para quitarse los restos de muerte. El agua, simbólicamente, restablece el equilibrio entre los humanos, la naturaleza y los kami.

El hinduismo le otorga también un papel fundamental, y pocas cosas hay tan sagradas en esta fe como el río Ganges. Otros seis ríos son también sagrados. Las personas que se bañan en las aguas del primero podrán alcanzar el paraíso del dios Indra. Los funerales siempre tienen lugar cerca de una fuente de agua, y la familia del difunto debe bañarse antes de volver a casa. Las cenizas del fallecido se arrojan, también, al agua.

Los budistas hacen un uso más restrictivo del agua que sus hermanos hindúes. La usan, sobre todo, como ofrenda a estatuas de Buda o de alguna deidad, dependiendo del país. Se utiliza también en los funerales, donde se hace desbordar de un cuenco situado frente al cadáver.

En el zoroastrismo o mazdeísmo, religión oficial del imperio persa y que actualmente aún existe en Irán y Pakistán, el agua está asociada al bien (la religión nos habla de una constante lucha entre el bien y el mal); y en la fe Bahai algunas oraciones se recitan mientras el creyente se lava las manos.

El agua tiene un significado muy parecido en todas las religiones. A diferencia de lo que se ha hecho con el sexo o la comida, placeres necesarios y positivos para el cuerpo que se han considerado malos para el espíritu (sí, la comida también, pensad en las vigilias, en el Ramadán…) el agua nunca ha sufrido esta consideración. Eso sí, en muchas tradiciones (hinduismo, cristianismo, islam, judaísmo…) el agua es también causante de grandes desgracias, aunque, también, con un fin purificador. Pensad en el Gran Diluvio Universal, presente en mitologías de religiones antiguas y actuales con centro o cercanas a la antigua Mesopotamia. Pero esto es tema para otro artículo.

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Las personas necesitamos alimentar, además del cuerpo, el espíritu.

Como desconocemos qué alimenta el alma, normalmente usamos alimentos para el cuerpo para simbolizar la riqueza de espíritu; son conocidas las ofrendas de comida de los budistas e hindúes a sus dioses o seres sagrados. A nosotros, dejar comida a una estatua nos parece un poco más raro (aunque también se hace en el mundo cristiano), pero también usamos la comida y la bebida como unión con el mundo desconocido, como en todas las religiones.

El inicio de la vida de un cristiano empieza con agua. El bautizo simboliza el rechazo del pecado original. Así se purifica el alma y la persona entra en la Iglesia, la comunidad cristiana. Además, el agua bendita forma parte importante de sus creencias (expulsa a demonios, como se puede ver en la película El exorcista), y se otorgan poderes divinos a fuentes de agua, como puede ser el santuario de la Virgen de Lourdes, en Francia.

En el Islam el agua es el símbolo de pureza más importante y frecuente. Hay que lavarse el cuerpo completo antes de la oración de los viernes, la más importante de la semana, y antes de tocar el Corán. A diario, el musulmán debe lavarse la cabeza, las manos, los antebrazos y los pies antes de las cinco oraciones. En las mezquitas siempre hay fuentes u otros puntos de agua. Si, en algún caso, falta agua, suelen limpiarse con arena. Además, los musulmanes también cuentan con una fuente de agua sagrada, el pozo de Zamzam, en la Meca.

El Mikve es un baño ritual judío que se practicaba antes para hombres y mujeres, aunque hoy solo las mujeres están obligadas a practicarlo cuando terminan la menstruación.

En la religión tradicional japonesa, el sintoísmo, existe un baño ritual llamado Misogi. El primero en hacerlo fue el kami (dios, aunque no exactamente) Izanagi, cuando se sumergió en el mar para quitarse los restos de muerte. El agua, simbólicamente, crea el equilibrio entre los humanos, la naturaleza y los kami.

El hinduismo le da también un papel fundamental, y el río Ganges es un elemento muy importante, junto a otros seis ríos sagrados. Si te bañas en sus aguas puedes alcanzar el paraíso del dios Indra. Los funerales siempre son cerca de una fuente de agua, y la familia del difunto debe sumergirse antes de volver a casa. Las cenizas del fallecido se tiran, también, al agua.

Los budistas no usan tanto el agua como los hindúes. Para ellos es una ofrenda a estatuas de Buda o de alguna deidad, depende del país. Se utiliza también en los funerales.

En el zoroastrismo o mazdeísmo, religión oficial del imperio persa (aún existe en Irán y Pakistán), el agua está asociada al bien (la religión nos habla de una constante lucha entre el bien y el mal); y en la fe Bahai algunas oraciones se recitan mientras el creyente se lava las manos.

El agua tiene un significado muy parecido en todas las religiones. A diferencia del sexo o la comida, placeres necesarios y positivos para el cuerpo considerados malos para el espíritu (sí, la comida también, pensad en las vigilias, en el Ramadán…), el agua nunca ha sufrido esta consideración. Eso sí, en muchas tradiciones (hinduismo, cristianismo, islam, judaísmo…) el agua es también causante de grandes desgracias, aunque, también, con un fin purificador. Pensad en el Gran Diluvio Universal, presente en mitologías de religiones antiguas y actuales con centro o cercanas a la antigua Mesopotamia. Pero esto es tema para otro artículo.

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Bernardo Ríos
Nació en Cádiz, una pequeña ciudad en Andalucía, en el sur de España. Estudió Filología Románica en Salamanca. Estuvo un año enseñando español en Singapur y ahora vive en Madrid, ciudad que le apasiona. Le gusta conocer otras culturas, la historia, el arte, la literatura y los idiomas. Ahora trabaja en una academia de español en Madrid.