En un pequeño pueblo de los pirineos aragoneses, el agua es una poderosa sustancia con muchas caras y esconde muchas historias. Historias de expropiación y expolio pero también de lucha vecinal y de resurgimiento. Y es que Lanuza era uno de esos pueblos, como tantos otros, que iban a quedar totalmente anegados por el afán que tenía Franco por los pantanos.

En la década de los 60 vivían unos 200 vecinos en Lanuza. La principal actividad era la ganadería y vivían prósperamente esperando las estaciones de esquí  en las montañas que rodean el Valle de Tena.

Fue entonces cuando se anunció la creación del embalse de Lanuza, embalse que había de regular el río Gállego. La planificación era clara, la cota de 1.268 metros iba a anegar el pueblo y tenía que ser expropiado. Fue un gran revés en la historia de este pequeño pueblo. Poco a poco los vecinos fueron abandonando sus casas y buscando un futuro en localidades cercanas como Sallent de Gállego, Jaca o Sabiñánigo, pero también ciudades como Huesca o Barcelona acogieron a estos vecinos y les ofrecieron una manera de ganarse la vida lejos de su tierra. Así, el 6 de mayo de 1976 se cerraron las compuertas del embalse, empezó la carga de agua y finalmente, a principios del 1978, Lanuza pasó a ser un pueblo forzadamente abandonado.

Sin embargo, el libro de la historia de Lanuza aún había de tener muchas más hojas. Las previsiones de la Confederación Hidrográfica del Ebro no se cumplieron y el agua cubrió tan solo las casas más bajas. El casco urbano quedó por encima del agua, a salvo. Los vecinos, que no se habían alejado mucho de su pueblo natal, siguieron esta evolución de cerca y decidieron recuperar lo suyo. Tras 15 años fuera de Lanuza, la lucha por recuperar el pueblo fue muy difícil. Los vecinos se enfrentaron a una lucha legal hasta poder recuperar sus casas y terrenos. La Confederación Hidrográfica del Ebro fijó precios y tuvieron que pagar por sus casas. Por lo primero que se luchó fue por conseguir la iglesia, ya que era para los vecinos un símbolo de la vida del pueblo y de su resurgimiento. Otro problema que se encontraron fue el tremendo expolio que había sufrido el pueblo. Nada quedaba con algo de valor ni maderas ni puertas ni rejas. Así que, tras un arduo trabajo creando una asociación de vecinos para rehabilitar el pueblo y haciendo una gran inversión económica, los vecinos de Lanuza cumplieron su sueño: devolverle la vida a su pueblo.

Actualmente, Lanuza cuenta con 32 edificios y 68 viviendas, un restaurante, un hotel y una casa rural. Y, como esos pequeños regalos que nos da la historia, el agua de su pantano, que estuvo a punto de acabar con el pueblo, ahora lo baña y forma parte necesaria de esa bonita estampa pirenaica.

El pueblo de Lanuza y su valle no es solo famoso por su lucha vecinal y la autogestión de sus vecinos. Desde el 1992 el pueblo acoge cada verano el festival multicultural Pirineos Sur. Su escenario principal flota en las aguas del embalse que lo vio salir y volver, y refleja, año tras año, esta propuesta de conocimiento y comprensión cultural.

En Pirineos Sur, el agua transmite el sonido por todo el valle. Y lo hace por todo lo alto, con los grandes. Por Pirineos Sur han pasado artistas de la talla de Compay Segundo o Alpha Blondy y a nivel estatal, de Paco de Lucía a Ojos de brujo. Los estilos musicales varían del reggae y el folk, hasta el flamenco, el hip hop o la salsa. La temperatura baja mucho por la noche y el agua, que viene directamente del deshielo de las montañas, está realmente fría, pero la emoción es muy cálida y hace que siempre acaben algunas personas del público en el agua, chapoteando y saltando. No solo el público, también varios artistas han colgado sus instrumentos y han acabado en el agua al final del concierto. Es difícil resistirse.

Además del escenario principal flotante, Pirineos Sur cuenta con un escenario en Sallent de Gállego, donde cada noche se puede disfrutar de la música de manera gratuita. Y en esta misma localidad hay un mercado con puestos de artesanía diversa y gastronomía de diferentes rincones del mundo.

En definitiva, en Lanuza la historia se explica con notas musicales y gotas de agua  enmarcadas por un enclave natural único. Y se explica por sus vecinos, pero también por sus visitantes que lo han acompañado con ritmo en su renacer.

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En un pequeño pueblo de los Pirineos aragoneses, el agua esconde muchas historias de expropiación y expolio pero también de lucha vecinal y de renacimiento. El pueblo de Lanuza iba a desaparecer porque Franco quería construir un pantano.

En la década de los 60 vivían unos 200 vecinos en Lanuza. En esa década Franco anunció la creación de un embalse, y el pueblo iba a desaparecer. Los vecinos abandonaron sus casas y buscaron un futuro en localidades cercanas. El 6 de mayo de 1976 se cerraron las compuertas del embalse, empezó la carga de agua y finalmente, a principios del 1978, Lanuza pasó a ser un pueblo abandonado por la fuerza.

Pero las previsiones de la Confederación Hidrográfica del Ebro no se cumplieron y el agua cubrió solo las casas más bajas. El casco urbano quedó por encima del agua. Los vecinos decidieron recuperar sus viviendas. La lucha por recuperar el pueblo fue muy difícil. La Confederación Hidrográfica del Ebro fijó precios y tuvieron que pagar por sus casas. Primero lucharon por la iglesia, un símbolo de la vida del pueblo y de su resurgimiento. Otro problema fue el expolio. No había nada de valor. Después de mucho trabajo y de crear una asociación, los vecinos consiguieron devolverle la vida a su pueblo.

Actualmente, Lanuza tiene 32 edificios y 68 viviendas, un restaurante, un hotel y una casa rural. Y, como esos pequeños regalos de la historia, el agua de su pantano ahora forma parte necesaria de esa bonita estampa pirenaica.

Además, desde 1992 el pueblo celebra el festival multicultural Pirineos Sur. En este festival, el agua transmite el sonido por todo el valle. En Pirineos Sur han actuado Compay Segundo o Alpha Blondy, de Paco de Lucía u Ojos de brujo. Los estilos musicales varían del reggae y el folk, hasta el flamenco, el hip hop o la salsa. La temperatura baja mucho por la noche y el agua está realmente fría, pero la emoción es muy cálida, y no solo el público, también varios artistas han acabado en el agua al final del concierto. Es difícil resistirse.

Además del escenario principal flotante, Pirineos Sur tiene un escenario en Sallent de Gállego, donde cada noche se puede disfrutar de la música gratis. Y en esta misma localidad hay un mercado con puestos de artesanía diversa y gastronomía de diferentes partes del mundo.

En Lanuza la historia se explica con notas musicales y gotas de agua en un enclave natural único. Y se explica por sus vecinos, pero también por sus visitantes que lo han acompañado con ritmo en su renacer.

 

Texto de nivel principiante adaptado por Bernardo Ríos

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