Cuando conozco a un catalán, una gallega, un navarro, una valenciana… siempre me muero de la envidia. No puedo creer que, solo por el hecho de nacer, hablen dos idiomas. Además, me cuesta creer más todavía que muchos de ellos ni siquiera lo valoran, y odio cuando muchos de ellos solo usan uno. Hablar dos idiomas de nacimiento, sean cuales sean, es una de las mayores suertes del mundo. Y podría parecer una rareza, pero nada más lejos de la realidad.

Si eres una persona monolingüe formas parte de una minoría global, aunque siendo europeo es lo común, ya que somos la zona del mundo donde menos idiomas conviven. Sin embargo, en Asia o África, alrededor del 90% de la población habla dos lenguas. El caso de América es curioso, porque hasta hace unos 100 años ocurría más o menos lo mismo que en estos dos continentes, pero el avance de los idiomas que llevaron los colonizadores, impuesto por sus gobiernos en una continuación de la política colonial para crear sociedades homogéneas, ha sido rápido y letal en el último siglo.

Las zonas del mundo con mayor concentración de lenguas son la selva amazónica, la América Central mexicana, el africano golfo de Guinea, una franja que cubre toda la frontera de China y la India y continúa por todo el sureste asiático y las islas de Nueva Guinea y colindantes.

La mitad de las lenguas del planeta se hablan en tan solo ocho países: 832 en Papúa Nueva Guinea, 731 en Indonesia, 515 en Nigeria, 400 en la India, 295 en México, 286 en Camerún, 268 en Australia y 234 en Brasil. Viendo estos datos, se llega a la conclusión de que es prácticamente imposible que una lengua no conviva con otra. El español, por ejemplo, comparte país con el catalán, el vasco, el gallego, el aragonés, el astur-leonés y el occitano en España, con el náhuatl, el maya yucateco o el mixteco en México, con el guajiro en Colombia, el quechua en Ecuador, Argentina, Perú y Bolivia, con el portugués en Argentina, Uruguay y una comarca de España, Olivenza, y podría continuar hasta el infinito.

Pero no es tan fácil, porque ni siquiera hay un acuerdo definitivo sobre qué es el bilingüismo. Para algunos autores es tener dos idiomas nativos, para otros, usar normalmente dos idiomas, para otros, un dominio total de dos idiomas, incluso hay quien denomina bilingüismo a tener alguna competencia en otra lengua, sin necesidad de tener un nivel alto.

Los beneficios del bilingüismo individual son muchos: incrementa la capacidad de comunicación, facilita la asimilación cultural, aporta conocimiento, raciocinio, creatividad, flexibilidad, mayor facilidad para aprender otros idiomas en el futuro, mejora la atención, crea mentes capaces de enfrentarse con más éxito a multitareas, incluso retrasa el alzhéimer en el caso de darse. Los inconvenientes, sin embargo, son anecdóticos frente a las ventajas: menor extensión de vocabulario (un monolingüe llega a conocer alrededor de 60.000 palabras frente a las 40.000 del bilingüe) y mayor dificultad para encontrar el término adecuado. Puede darse el caso, también, de que una de las lenguas esté asociada a malas experiencias personales, lo que puede llevar a la aparición de traumas psicológicos.

El bilingüismo se considera social cuando un grupo humano amplio comparte dos lenguas. Las ventajas serían las mismas que podemos aplicar al individual, pero los problemas pueden llegar a multiplicarse dependiendo de la situación política o de prestigio de alguna de las lenguas. En todos los casos, los sociólogos están de acuerdo con el principal inconveniente: la integración de la persona monolingüe o, aun siendo bilingüe, de la persona que usa principalmente una de las lenguas que no tiene el apoyo de las instituciones o de la gente, principalmente la clase dominante.

Está comprobado que no vemos el mundo a través de nuestra lengua, todos los humanos podemos sentir y ver lo mismo hablemos la lengua que hablemos, pero es evidente que sí cambia la forma en que lo decimos. No puede haber nada más hermoso que ser capaz de expresar de forma diferente lo que mentalmente no lo es. Es casi un proceso metafórico. Hablar es un hecho tan cotidiano que no le prestamos atención, pero es pura poesía natural.

El bilingüismo es un don.

Hoy en día, dato importante, muchos hablan del monolingüismo como el analfabetismo del siglo XXI.

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Cuando conozco a un catalán, una gallega, un navarro, una valenciana… siempre tengo envidia. Solo por nacer hablan dos idiomas. Además, muchos no lo valoran, y muchos y muchas solo usan uno. Hablar dos idiomas de nacimiento es una gran suerte. Y puede parecer raro, pero no lo es.

Si eres una persona monolingüe estás dentro de una minoría global, aunque en Europa es más común: somos la zona del mundo con menos idiomas. En Asia o África, alrededor del 90% de la población habla dos o más lenguas. El caso de América es curioso; hace 100 años era como estos dos continentes, pero el avance de los idiomas de los colonizadores, impuesto por sus gobiernos para crear sociedades homogéneas, ha sido rápido y letal en el último siglo.

Las zonas del mundo con mayor concentración de lenguas son la selva amazónica, la América Central mexicana, el africano golfo de Guinea, desde la frontera de China con la India hasta el sureste asiático y las islas de Nueva Guinea y alrededores.

La mitad de las lenguas del planeta están en ocho países: 832 en Papúa Nueva Guinea, 731 en Indonesia, 515 en Nigeria, 400 en la India, 295 en México, 286 en Camerún, 268 en Australia y 234 en Brasil. Todas las lenguas conviven con otras. El español, por ejemplo, comparte país con el catalán, el vasco, el gallego, el aragonés, el astur-leonés y el occitano en España, con el náhuatl, el maya yucateco o el mixteco en México, con el guajiro en Colombia, el quechua en Ecuador, Argentina, Perú y Bolivia, con el portugués en Argentina, Uruguay y una comarca de España, y una lista sin fin.

Pero no es tan fácil, porque no sabemos bien qué es el bilingüismo: tener dos idiomas nativos, usar normalmente dos idiomas, un dominio total de dos idiomas, incluso tener alguna competencia en otra lengua, sin necesidad de tener un nivel alto.

Hay muchos beneficios en el bilingüismo individual: incrementa la capacidad de comunicación, facilita la asimilación cultural, da más conocimiento, raciocinio, creatividad, flexibilidad, mayor facilidad para aprender otros idiomas en el futuro, mejora la atención, crea mentes capaces de enfrentarse con más éxito a multitareas, y retrasa el alzhéimer si aparece. Hay pocos inconvenientes: menor extensión de vocabulario (un monolingüe conoce cerca de 60.000 palabras, un bilingüe 40.000) y mayor dificultad para encontrar el término adecuado. Si una de las lenguas está asociada a malas experiencias personales, pueden aparecer traumas psicológicos.

El bilingüismo se considera social cuando un grupo humano amplio comparte dos lenguas. Las ventajas son las mismas del individual, pero los problemas pueden multiplicarse, depende de la situación política o de prestigio de alguna de las lenguas. En todos los casos, los sociólogos están de acuerdo con el principal inconveniente: la integración de la persona monolingüe. También es un problema la integración del bilingüe cuando usa más la lengua con peor estatus social o institucional.

No vemos el mundo a través de nuestra lengua, todos los humanos podemos sentir y ver las mismas cosas, es independiente de nuestro idioma, pero sí cambia la forma de expresarnos. No puede haber nada más hermoso que ser capaz de expresar de forma diferente una imagen similar para dos personas.

El bilingüismo es un don.

Hoy en día, dato importante, muchos hablan del monolingüismo como el analfabetismo del siglo XXI.

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