Uruguay ha cobrado en el último tiempo un renombre mundial como nunca antes, gracias a una serie de medidas bastante progresistas tomadas por el gobierno de José ‚Pepe‘ Mujica. Y por la gran cantidad de entrevistas y discursos llenos de palabras sabias que ha dado el mismo Pepe en los últimos años y que se han hecho virales más de una vez, claro.

Photo by aforero
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Una de estás leyes es la de la legalización de la marihuana introducida el 10 de diciembre de 2013, la cual regula el mercado, la producción, la comercialización, la tenencia y los usos recreativos y medicinales. Con esto, Uruguay se convirtió en el primer país del mundo en legalizar la venta y el consumo plenamente. El primero, sí. Parecería que el compañerito de clase que siempre estuvo callado en un rincón de repente hizo ese comentario brillante que nadie se esperaba y demostró que había visto algo que los otros compañeros no. Y ese compañerito es Uruguay.

Los que hemos ido más de una vez a Uruguay de vacaciones, sabemos que, previo a la legalización, el consumo ya estaba relativamente tolerado. Si bien no era legal, era normal caminar por las calles y ver a gente fumando marihuana no muy disimuladamente. Hasta puede encontrarse con bastante facilidad en los kioscos una marca de alfajores llamada „Marley“, que posee en su logo una hoja de cannabis y cuyo eslogan es „Alfajores bajoneros“ (es decir, para saciar el hambre voraz post-consumo cannábico, coloquialmente llamado „bajón“ en Sudamérica).

Podemos intuir entonces que, en el caso de Uruguay, la legalización del cultivo y consumo de la marihuana tarde o temprano llegaría. Sin embargo, la introducción de esta ley no es una mera formalidad, ya que no solo hace oficial la posibilidad de consumo, tanto en el ámbito privado como en la vía pública, sino que introduce normas y le da un marco legal a la venta del cannabis en cualquiera de sus formas. Esto último puede ser de vital importancia a la hora de combatir el narcotráfico y mantener los precios a un nivel razonable, ya que eliminado el aspecto clandestino y las posibles dificultades para conseguir el producto, este se vuelve automáticamente más barato. Es también un modo seguro de, y es por esto que se considera una medida de corte progresista, descriminalizar al consumidor y apelar a las libertades individuales, así como de atacar el problema del narcotráfico de raíz.

A partir de esta ley, la producción comenzó a ser regulada por el Estado. Se creó el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA), que depende del Ministerio de Salud Pública y emite licencias para la comercialización del producto.

A grandes rasgos, lo que permite la ley es que cualquier ciudadano o residente del país mayor de 18 años, previo registro, pueda adquirir hasta 10 gramos por semana de marihuana en farmacias autorizadas. También está permitido cultivar hasta 6 plantas, con una cosecha anual de hasta 480 gramos, dentro de clubes con membresía. Estos clubes podrán tener un mínimo de 15 miembros y un máximo de 45. También se podrá cultivar con fines científicos y medicinales.

Pero antes de que algunos hagan las maletas para irse a Uruguay, déjenme decirles que sigue estando prohibido manejar bajo los efectos de la marihuana (gracias a Dios), consumir en el trabajo o estando a la orden de un empleador, ni en espacios cerrados, deportivos o educativos. Bueno, son límites bastante sensatos después de todo.

También es necesario aclarar que a pesar de ser el primer país en legalizar el consumo y cultivo de marihuana plena aunque reguladamente, varias encuestas realizadas en 2012 y 2013 muestran que entre el 58 y el 66% de los uruguayos se oponían a la legalización de la venta de cannabis para usos recreativos (no así a la legalización con fines medicinales, con la que está de acuerdo el 78% de la población uruguaya). Esto prueba una vez más que muchas veces son las leyes las que abren el camino para que el pueblo adopte ideas y comportamientos más inclusivos hacia otras elecciones de vida, y no al revés.

Con respecto al resto de Latinoamérica, el asunto avanza a diferentes ritmos y no siempre a paso firme.

En el caso de Argentina, a partir de un juicio contra cinco jóvenes que fueron detenidos en el 2006 por llevar entre uno y tres cigarrillos de marihuana, se abrió camino a una decisión que apunta a no perseguir al consumidor. En 2009, La Corte Suprema consideró ilegal la persecución penal de personas que consuman estupefacientes sin perjudicar a terceros. La legalización del consumo y la producción, sin embargo, parece encontrarse lejos. Si bien es un tema que fue discutido más de una vez y defendido por varios representantes políticos con un lugar propio en el senado, los sectores más conservadores (que han ganado poder, desde ya, con la asunción de Mauricio Macri), se encuentran lejos de considerar medidas que apelen a las libertades personales y más cerca del control persecutorio de los consumidores.

Photo by “Caveman Chuck” Coker
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En el caso de Chile, la marihuana es actualmente considerada una droga dura y la penalización por su consumo, posesión, producción o venta es acorde a este status. No obstante, este país parece ser de los más avanzados en cuanto a la intención de investigar sobre los usos medicinales de la sustancia. Recientemente, las autoridades aprobaron la plantación de gran cantidad de semillas de marihuana para el uso medicinal en pacientes oncológicos, con ciertos tipos de epilepsia, o que sufren dolores crónicos. Con respecto al consumo privado, está en estudio un proyecto de ley para despenalizarlo.

Brasil resulta ser el mayor consumidor de la región, pero aun así una encuesta reciente indica que el 79% de la población se proclama en contra de la legalización. Debe ser por esto que no parece haber proyectos de ley a la vista, ni que el tema se esté discutiendo muy abiertamente como es el caso de otros países.

En Colombia, por el momento, es legal poseer hasta 20 plantas de cannabis con fines médicos o científicos. De todos modos, desde 1994, en este país está permitida la posesión de lo que se conoce como la „dosis personal“, que consiste en 20 gramos de marihuana (además de un gramo de cocaína). Si bien esto demuestra gran tolerancia con el consumo personal, no están en discusión leyes que reglamenten la comercialización ni la producción de la sustancia.

En 2015, México permitió el uso con fines lúdicos y recreativos de la marihuana.

Parece que, a diferentes velocidades, varios países de la región intentan seguir los pasos de Uruguay. Pero tampoco en este país el consumo y la venta legal de marihuana es una conquista segura. Después de que el mandato de Mujica terminara, la aplicación de la ley fue puesta en duda, ya que el nuevo Presidente electo, Tabaré Vázquez, siempre se ha proclamado opositor a la legalización. No obstante, en marzo de 2016, finalmente Vázquez declaró que la continuidad de la ley no estaba en duda, aunque pretende hacer una evaluación estricta sobre el impacto que la misma tenga en la sociedad.

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Desde un tiempo, Uruguay tiene fama global gracias a unas medidas bastante progresistas del gobierno de José ‚Pepe‘ Mujica, un hombre muy inteligente.

Una de las medidas es la legalización de la marihuana, introducida el 10 de diciembre de 2013. Esta medida regula el mercado, la producción, la comercialización, la tenencia y los usos recreativos y medicinales. Con esto, Uruguay se convirtió en el primer país del mundo en legalizar la venta y el consumo plenamente. El primero, sí.

El consumo ya estaba relativamente tolerado en Uruguay. Aunque no era legal, era normal caminar por las calles y ver a gente fumar marihuana sin disimulo. Incluso existe, en los kioscos, una marca de alfajores llamada „Marley“, en el logo muestran una hoja de cannabis con el eslogan „Alfajores bajoneros“ (es decir, para saciar el hambre voraz postconsumo cannábico, coloquialmente llamado „bajón“ en Sudamérica).

En este país la legalización del cultivo y consumo de la marihuana tarde o temprano iba a llegar. Sin embargo, esta ley no es una mera formalidad: introduce normas y hace legal la venta del cannabis en cualquier forma. Esto puede ser de vital importancia para combatir el narcotráfico y mantener los precios a un nivel razonable, porque cuando se elimina el aspecto clandestino y las posibles dificultades para conseguir el producto, este se vuelve automáticamente más barato. Es también un modo seguro de apelar a las libertades individuales, y atacar el problema del narcotráfico de raíz. Por eso es una medida considerada progresista.

A partir de esta ley, la producción comenzó a ser regulada por el Estado. Se creó el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) en el Ministerio de Salud Pública, donde se emiten licencias para la comercialización del producto.

La ley permite adquirir, a cualquier ciudadano o residente del país mayor de 18 años, previo registro, hasta 10 gramos por semana de marihuana en farmacias autorizadas. También está permitido cultivar hasta 6 plantas, con una cosecha anual de hasta 480 gramos, dentro de clubes con membresía. Estos clubes pueden tener un mínimo de 15 miembros y un máximo de 45. También se puede cultivar con fines científicos y medicinales.

Sin embargo, está prohibido manejar bajo los efectos de la marihuana (gracias a Dios), consumir en el trabajo o a la orden de un empleador, ni en espacios cerrados, deportivos o educativos. Bueno, son límites bastante sensatos, después de todo.

A pesar de ser el primer país en legalizar el consumo y cultivo de marihuana plena aunque reguladamente, entre el 58 y el 66% de los uruguayos se oponían a la legalización de la venta de cannabis para usos recreativos en varias encuestas entre 2012 y 2013 (no a la legalización con fines medicinales, donde el 78% está de acuerdo). Muchas veces las leyes abren el camino para aceptar ideas y comportamientos más inclusivos hacia otras elecciones de vida.

Con respecto al resto de Latinoamérica, el asunto avanza a diferentes ritmos.

En el caso de Argentina, a partir de un juicio contra cinco jóvenes, detenidos en el 2006 por llevar entre uno y tres cigarrillos de marihuana, se abrió camino a no perseguir al consumidor. En 2009, la Corte Suprema consideró ilegal la persecución penal de personas consumidoras de estupefacientes sin perjudicar a terceros. La legalización del consumo y la producción, sin embargo, parece encontrarse lejos. Si bien es un tema discutido más de una vez y defendido por varios representantes políticos con un lugar propio en el senado, los sectores más conservadores se encuentran lejos de considerar medidas a favor de las libertades personales y más cerca del control persecutorio de los consumidores.

En el caso de Chile, la marihuana es actualmente considerada una droga dura y la penalización por su consumo, posesión, producción o venta es alta. No obstante, este país está muy avanzado en la investigación de los usos medicinales de la sustancia. Recientemente, las autoridades aprobaron la plantación de gran cantidad de semillas de marihuana para el uso medicinal en pacientes oncológicos, con ciertos tipos de epilepsia o con dolores crónicos. Con respecto al consumo privado, está en estudio un proyecto de ley para despenalizarlo.

Brasil es el mayor consumidor de la región, pero el 79% de la población está en contra de la legalización. Por eso no parece haber proyectos de ley a la vista, ni se discute el tema muy abiertamente como es el caso de otros países.

En Colombia, por el momento, es legal poseer hasta 20 plantas de cannabis con fines médicos o científicos. De todos modos, desde 1994, en este país está permitida la posesión de una „dosis personal“: 20 gramos de marihuana (además de un gramo de cocaína). Esto demuestra gran tolerancia con el consumo personal, pero no se discuten leyes sobre la comercialización ni la producción de la sustancia.

En 2015, México permitió el uso con fines lúdicos y recreativos de la marihuana.

A diferentes velocidades, varios países de la región intentan seguir los pasos de Uruguay. Pero tampoco en este país el consumo y la venta legal de marihuana es una conquista segura. Cuando el mandato de Mujica terminó, se dudó sobre la aplicación de la ley, porque el nuevo Presidente electo, Tabaré Vázquez, siempre se ha proclamado opositor a la legalización. No obstante, en marzo de 2016, finalmente, Vázquez aseguró la continuidad de la ley, aunque pretende hacer una evaluación estricta sobre el impacto en la sociedad.

(Texto de nivel principiante adaptado por Bernardo Ríos)

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Fran Tursi
Fran nació en Haedo, en lo profundo de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde vivió casi toda su vida. Allí estudió Literatura y desarrolló y refinó sus gustos e intereses. Jugador de fúbol frustrado, articula su vida entre la enseñanza del español y la música. Vive en Berlín desde el 2013.