¿Alguna vez os habéis encariñado con una vieja prenda de vestir que os transporta a vuestra infancia, os hace revivir ese viaje que cambió para siempre vuestra forma de ver el mundo o que aún parece conservar la fragancia de un ser querido? La ropa merece una vida mejor que quedar olvidada al fondo de un armario. Desde 2011, el proyecto madrileño Altrapo Lab se ha propuesto aunar el reciclaje textil, la costura creativa, los cursos y talleres y la venta de ropa transformada en ferias como una forma de combatir la espiral de consumo irracional que envuelve la industria de la moda. Natalia Castellanos (35 años) es licenciada en comunicación audiovisual y coordina los proyectos de esta iniciativa.

¿Cómo una comunicadora audiovisual decide dedicarse al reciclaje textil y a la costura responsable y sostenible?

Comencé a coser con Zaloa Basaldua, mi socia fundadora del proyecto. Mientras ella me enseñaba a coser un par de tardes a la semana, soñábamos con hacer algo juntas. En aquel momento las dos compartíamos el deseo de cambiar de profesión. Y así empezamos a dar las primeras puntadas al proyecto.

¿A qué te habías dedicado antes de llegar a Altrapo Lab?

Trabajé como editora de video y televisión varios años.

¿Por qué sentisteis la necesidad de crear esta iniciativa?

Veíamos que en otros bienes de primera necesidad como los alimentos, cada vez iban surgiendo más alternativas al consumo convencional, que supone que un alimento haga muchísimos kilómetros para llegar a las tiendas y que muchas veces provenga de cultivos poco sostenibles. Nosotras mismas participábamos en grupos de consumo de alimentos, y cada vez estaban más extendidas alternativas sostenibles como tiendas con productos de comercio justo, mercados de alimentos ecológicos o productos de proximidad. Al trasladar lo que estaba pasando con la alimentación al sector de la ropa, vimos que existían alternativas y que no eran pocas, pero no estaban extendidas o eran muy poco conocidas.  De hecho, la mayoría de gente aún no estaba sensibilizada con lo que había detrás de la industria textil.

Hubo algunos datos que nos llamaron mucho la atención: cada persona en España compra dos prendas de vestir al mes (eran cinco antes de la llamada crisis). Esto equivale a cerca de 10 kilos al año. Otro dato: en todo el proceso productivo de una simple camiseta de algodón se gastan 2.800 litros de agua.

Ante estas cuestiones, decidimos seguir cosiendo y diseñando ropa y complementos, pero haciéndolo a partir de materiales reciclados. Empezamos a investigar las posibilidades del reciclaje textil creativo optimizando al máximo los mínimos recursos.

¿Cómo formasteis el equipo que conforma Altrapo Lab?

Zaloa y yo iniciamos el proyecto las dos solas, y el inicio fue muy lento. Ambas tuvimos hijos y otras dedicaciones. Conocimos a Luis López-Aranguren y a Laura Graizer casi al mismo tiempo. Ambos estaban interesados en colaborar en el proyecto y nosotras sentíamos ganas de compartir lo que veníamos haciendo. Poco a poco su presencia en Altrapo se hizo más continuada. Y acabaron formando parte del proyecto de la misma manera que nosotras. Funcionamos de manera asamblearia y democrática a la hora de tomar decisiones y llevar a cabo los proyectos.

¿Cuál es tu función en el equipo?

Me encargo de la gestión, de dar forma a los proyectos y de coordinar el trabajo de cada una de nosotras y de cada una de nuestras líneas de trabajo: formación, difusión, producción…

¿Por qué crees que actualmente, en la época de las App y los Pókemon Go, ha surgido este boom de la costura en gente de todas las edades?

Creo que en general ha habido una vuelta a habilidades y costumbres que estuvieron más presentes en otras épocas. A causa del ritmo acelerado de vida en las grandes ciudades, habíamos dejado de conectar con las cosas más esenciales como la naturaleza o el campo de cultivo. El éxito de la costura ha venido de la mano de la moda del DIY (Do It Yourself). A la gente le gusta hacer cosas con las manos y por ella misma. Esto es muy motivador, tanto en la huerta como en las clases de costura.

¿En qué consiste el reciclaje textil y por qué lo creéis necesario?

Nosotras lo llamamos reciclaje textil creativo. Esto último es importante, ya que lo diferencia de la propia reutilización o de lo que sería el reciclaje de residuos textiles. En el reciclaje textil creativo la base está en la recuperación de prendas de una manera imaginativa, pero con un diseño práctico y una buena confección. El reciclaje en cualquiera de sus formas es necesario porque la sociedad de consumo genera muchísimos más residuos de los que puede gestionar. Varios países de África ya han anunciado que sus leyes pondrán cuotas a las enormes cantidades de ropa de segunda mano que exportan los países occidentales.

En plena época de „progreso“ de la humanidad, ¿cómo evolucionan los derechos de las personas que trabajan en la producción de nuestras prendas?

La industria de la confección se diferencia de las otras industrias modernas porque a día de hoy todavía es necesaria mucha mano de obra no cualificada. Para manipular una máquina de coser todavía es necesaria una persona. La enorme complejidad de una máquina que pudiese coser cualquier modelo sería inalcanzable a día de hoy. El 90% de las obreras de la confección son mujeres, la mayoría jóvenes, emigrantes de zonas rurales, sin estudios y con pocos recursos. Esto hace que sean muy vulnerables ellas y, por tanto, sus derechos. Es más, si luchan por ellos, la amenaza de la deslocalización aparece.

¿Debería sentirme culpable por ir de rebajas a H&M, Zara, etc.?

Algo que vemos fundamental desde nuestro proyecto es que las personas que participan en nuestros cursos, charlas o eventos no se sientan culpables sino que se sientan con la capacidad de cambiar su modelo de consumo. Para ello les dotamos de herramientas al alcance de todas y todos.

Desde vuestro proyecto, ¿cómo combatís los argumentos marketinianos millonarios que nos empujan a comprar ropa?

Esto es la clave: salir de este modelo de consumo compulsivo, sustituir la calidad por la cantidad, buscar otros mercados: segunda mano, intercambios de ropa, bibliotecas de ropa… En definitiva, salir del modelo uniformado que proponen las grandes marcas y buscar prendas que trasciendan tendencias y que sean reversibles, fácilmente combinables. Ya hay en internet numerosos blogs de grandes seguidores de la moda que proponen maneras accesibles de vestirnos con moda sostenible. Otra solución es, por supuesto, crear tus propias prendas a través de reciclaje textil creativo.

Habláis de establecer un vínculo con nuestras prendas. ¿En qué consiste este vínculo?

Hay detalles que crean vínculos con la ropa. Por ejemplo, cuando hay una historia detrás de la prenda que llevas puesta o cuando relacionas esa pieza con un regalo de una persona cercana o con una anécdota de algo que te pasó con ella. O si conociste cómo se confeccionó o por quién, si es una prenda de la que hay pocos modelos o si te ha acompañado muchos años. La fast fashion nos ha hecho creer que la ropa es de usar y tirar, que tenemos que cambiar continuamente de armario y seguir las más de cincuenta colecciones que encontramos en las tiendas a lo largo de un año. Pensamos que esta moda no deja espacio para el vínculo, que es lo que nos puede ayudar a frenar el ritmo.

¿Nos podrías contar la historia que más te haya emocionado de las prendas que han pasado por Altrapo Lab?

Sin ninguna duda las prendas más emotivas para mí son las que diseñamos a partir de la ropa que usaba mi abuelo: chaquetas y pantalones que convertimos en mochilas. Una de ellas la compró un buen amigo y para él fue muy hermoso conocer la historia de la tela de su mochila, que había sido una chaqueta que usaba mi abuelo habitualmente en temporadas de primavera, cuando más podía salir a la calle.

Tengo mucha ropa en el fondo del armario que hace siglos que no uso. ¿Qué es lo mejor que puedo hacer con ella?

Lo mejor es sacarla toda, seleccionar solo la que sabes que vas a usar y la demás separarla en montones: un montón para intercambiar con amigos o dárselo a personas que conozcas que pueda gustarles esa ropa, otro montón para tirar a un contenedor de ropa donde la separarán selectivamente, y la que esté muy viejita puedes usarla como trapos para limpiar. Y, por supuesto, puedes reservarte una prenda para darle un nuevo uso a través del reciclaje textil creativo.

¿Nos podrías dar algún consejo de costura creativa para principiantes?

Uno muy muy fácil: un nuevo bolsillo o un parche en una prenda puede cambiar mucho el aspecto de una camiseta que lleva mucho tiempo guardada en el armario. Para saber más tendréis que visitarnos un día en nuestro taller.

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La ropa no merece quedar olvidada al fondo de un armario. Desde 2011, el proyecto madrileño Altrapo Lab reúne el reciclaje textil, la costura creativa, los cursos y talleres y la venta de ropa transformada en ferias. Es una forma de combatir el cosumismo en la moda. Natalia Castellanos (35 años) es licenciada en comunicación audiovisual y coordina los proyectos de esta iniciativa.

Comenzó a coser con Zaloa Basaldua, su socia fundadora del proyecto. Ella le enseñó a coser, y soñaban con hacer algo juntas porque las dos querían cambiar de profesión. Natalia era editora de vídeo y televisión.

La idea les surgió en un grupo de consumo de alimentos. Veían el despilfarro hecho con la comida y trasladaron esa situación a la ropa. Por eso decidieron usar materiales reciclados y optimizar al máximo los mínimos recursos.

Al principio empezaron solas, pero Luis López-Aranguren y Laura Graizer colaboraban cada vez más y ahora forman parte del equipo. Funcionan de forma asamblearia y democrática en la toma de decisiones. Ella gestiona, da forma a los proyectos y coordina el trabajo.

Cree que hay una vuelta a habilidades y costumbres más presentes en otra época, sobre todo por la pérdida de conexión total con la naturaleza o el campo en las grandes ciudades. El éxito de la costura es compañero del DIY (Do It Yourself).

El reciclaje textil creativo es diferente del reciclaje textil. Trata de recuperar prendas de manera imaginativa, pero con diseño práctico y buena confección. Cree que el reciclaje es necesario porque generamos muchos residuos y no podemos gestionarlos.

La industria de la confección es diferente de otras porque necesita mucha mano de obra no cualificada. El 90% son mujeres jóvenes, emigrantes de zonas rurales, sin estudios y con pocos recursos. Son muy vulnerables, ellas y sus derechos.

No debemos sentirnos culpables por comprar ropa en H&M o Zara, pero ellas dan herramientas para cambiar el modelo de consumo. Hay que cambiar la cantidad por la calidad y buscar otros mercados: segunda mano, intercambio, bibliotecas de ropa… buscar prendas más allá de las tendencias, reversibles y fácilmente combinables. En internet ya hay muchos blogs sobre esto.

Es necesario crear vínculos con las prendas, puede ser una historia, un regalo o una persona. La fast fashion crea ropa de usar y tirar, y así no hay espacio para el vínculo.

Las prendas más emotivas para ella son las hechas a partir de la ropa de su abuelo: chaquetas y pantalones convertidos en mochilas. Un amigo compró una y le alegró mucho conocer su historia.

Si tienes mucha ropa y no la usas, puedes dársela a amigos, echarla a un contenedor de ropa o usarla para trapos para limpiar. También puedes darle un nuevo uso con el reciclaje textil creativo. Por ejemplo, un simple bolsillo o un parche pueden cambiar mucho el aspecto de una camiseta.

 

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