Desde Algeciras hasta Estambul se extiende el segundo mar interior más grande del mundo después del Mar Caribe: el Mar Mediterráneo. Sus aguas comunican el Océano Atlántico con el Mar Negro y el Mar Rojo y sus olas bañan las tres penínsulas del sur de Europa: la Ibérica, la Itálica y la Balcánica, y además una de Asia: la de Anatolia.

El área del Mar Mediterráneo está rodeada por países europeos, norteafricanos y asiáticos. Países como Italia, Túnez, Grecia o Turquía disfrutan en sus costas de la riqueza de este mar conocido mundialmente. Todos ellos, tan diferentes entre sí, disfrutan de un elemento común: la pesca.

La pesca entendida como una actividad fundamental para obtener alimentos. Tanto es así, que diversos peces y crustáceos del Mare Nostrum (como llamaban los romanos al Mar Mediterráneo) son elementos fundamentales en la gastronomía de los países de la zona. De este modo, peces como el atún o el pez espada están presentes en las cartas de los restaurantes de la zona o se venden abundantemente en los mercados locales.

No obstante, con el paso del tiempo el comercio de las diferentes especies ha provocado un aumento de la pesca sin control en el Mar Mediterráneo. En efecto, hoy se puede decir que el Mar Mediterráneo está enfermo por la sobrepesca. La sobrepesca se define como la pesca excesiva realizada por el ser humano, ya sea sobre peces o mariscos y que tiene además efectos devastadores sobre los ecosistemas. Es un hecho, que el descenso de un tipo de pescado concreto puede provocar lógicamente un cambio general en el medio biológico.

Pero esta enfermedad que padece el Mar Mediterráneo no es un fenómeno nuevo. El incremento de la presión pesquera por los países ricos desplazó a los pescadores locales de sus fuentes tradicionales de alimento. Esta situación llevó al empobrecimiento de muchas zonas donde los pescadores autóctonos ya no pueden pescan por la alta competencia El exceso de las capturas de muchos peces mediterráneos llegó a su punto máximo a finales de los años 80 y principios de los 90, momento a partir del cual se produjo una disminución de las poblaciones de las especies más deseadas por el mercado.

En este sentido, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha señalado que más de 40 especies marinas podrían desaparecer en el mar Mediterráneo en los próximos años. La razón principal de esta amenaza es que los pescadores no han cumplido con las cuotas establecidas de la Unión Europea. Casi la mitad de las variedades de tiburones y rayas así como 12 de especies de peces óseos (aquellos con esqueleto) están en peligro de extinción. Por su parte, también especies que se explotan comercialmente como la merluza, el atún rojo, el bonito, el pez espada, el mújol y el besugo que están considerada como „amenazadas“ o „casi amenazadas“.

El caso del atún rojo es especialmente preocupante porque el 83% del atún que procede del Mediterráneo está por debajo del tamaño mínimo. El problema para esta especie aumenta con la captura de ejemplares que se encierran en criaderos y se engordan con técnicas de acuicultura para su comercialización. Los países donde se realizan esta actividad son fundamentalmente Croacia, Malta, España y Turquía.

Con todo esto, se puede afirmar que la situación en el Mediterráneo es motivo de especial preocupación. Además se debe recordar que el uso de técnicas de pescas como las de redes o de arrastre significa que también cientos de peces sin valor comercial son capturados. En especial la pesca de arrastre con estructuras muy pesadas de hierros y cadenas, puede arrasar fondos marinos en profundidades entre 50 y 800 metros

Por tanto, el arrastre y las redes son técnicas no selectivas en las que se capturan también un gran número de otras especies que no son el objetivo de la pesca. Al mismo tiempo se destruye el fondo del mar, donde los peces viven, se reproducen y se alimentan.

Este tipo de pesca ha provocado que no se cumplan los ciclos naturales de la vida marina. Hoy en día la cantidad de pescado que se obtiene en el Mediterráneo por cada actividad de captura se ha reducido. Es decir, en los últimos años gracias a la tecnología y potencia de los barcos se ha abusado tanto de la pesca que ya que quedan menos especies en el mar y por tanto se pesca menos volumen por el mismo esfuerzo.

Como consecuencia hay un desajuste entre la excesiva capacidad pesquera de las embarcaciones y la escasez de recursos a disposición para la pesca. Si no se reduce la actividad, la situación será cada vez más crítica y llegará un momento en el que la pesca no será rentable. Así, el único camino para alcanzar la sostenibilidad de la pesca sólo pasa por mantener en el mar una población de peces suficiente. Si el límite suficiente se supera, las capturas y los beneficios disminuyen y la pesca sólo resulta rentable a corto plazo con una inversión creciente en tecnología y en potencia para las embarcaciones.

Para reducir la capacidad pesquera en el Mare Nostrum, tuvo lugar hace un año una reunión crucial de la FAO (Food and Agricultural Organization) de las Naciones Unidades en Roma. Este encuentro concluyó con un principio de acuerdo entre los países del Mediterráneo y la Comisión Europea para crear áreas restringidas a la pesca y así proteger los ecosistemas marinos esenciales para los peces.

Este compromiso político consiste en un avance histórico para frenar la sobrepesca en el Mediterráneo que los Gobiernos europeos han configurado tras escuchar la señal de alarma. Sus principios fundamentales son la elaboración de planes de gestión sostenible para los stocks de pesca, la definición de áreas restringidas para la protección de los hábitats de los peces y la implantación del principio de precaución, es decir, no se esperará a que se agoten los stocks para tomar medidas de control.

Con estas medidas se espera obtener un futuro positivo para el Mar Mediterráneo. No podemos olvidar que este Mar representa el 1% de la superficie marina del mundo y en él vive aproximadamente el 9% de la biodiversidad marina de todo el planeta. Actualmente ocho de cada diez caladeros en el Mediterráneo están ya „sobreexplotados“, es decir, se pescan más peces de lo que su ciclo natural permite recuperar. Por tanto, no sólo sería positiva medidas desde los distintos Gobiernos, sino también es aconsejable un consumo responsable de los ciudadanos y ciudadanas pueden contribuir a la conservación de muchas especies marinas.

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Desde Algeciras hasta Estambul se extiende el segundo mar interior más grande del mundo: el Mar Mediterráneo. Este mar está rodeado por países europeos, norteafricanos y asiáticos. Italia, Túnez, Grecia o Turquía son países muy diferentes pero poseen un elemento común: la pesca.

En sus orígenes, la pesca era una actividad para conseguir alimentos. Por eso, en la gastronomía de los países mediterráneos hay mucho pescado y marisco. Sin embargo, en las últimas décadas, el comercio del pescado ha crecido y ha provocado un aumento de la pesca sin control en el Mar Mediterráneo: la sobrepesca.

La pesca excesiva de peces mediterráneos llegó a su punto máximo a finales de los años 80 y principios de los 90. Desde ese momento, hubo una disminución de las especies más deseadas por el mercado.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 40 especies marinas pueden desaparecer en el Mar Mediterráneo en los próximos años. Muchas variedades de tiburones y rayas y también, especies que se venden en el mercado como la merluza, el atún rojo, el bonito y el pez espada, están “amenazadas“.

Además, el uso de técnicas de pesca como las redes o el arrastre provoca la captura de cientos de peces sin valor comercial. Al mismo tiempo, se destruye el fondo del mar, donde los peces viven, se reproducen y se alimentan.

Hoy en día, la cantidad de pescado que se obtiene en el Mediterráneo se ha reducido. Es decir, puesto que quedan menos peces en el mar, se pesca menos por el mismo esfuerzo. La única solución para conseguir una actividad sostenible es mantener en el mar una población de peces suficiente.

Hace un año, se celebró en Roma una reunión de la FAO (Food and Agricultural Organization). En esta reunión, los países del Mediterráneo y la Comisión Europea acordaron limitar las zonas de pesca y proteger los ecosistemas marinos. Este compromiso político representa un avance histórico para frenar la sobrepesca y espera obtener un futuro positivo para el Mar Mediterráneo.

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Sevillano, ciudad de la que disfruta cada segundo, fabricante de cerveza, apasionado por las lenguas, degustador de tapas y buen vino, practicante de deporte, pero ante todo curioso por aprender siempre.