Si un día nos dejamos caer por Sevilla, que, como comenté en el artículo principal, hay que hacerlo al menos una vez en la vida, estaría francamente bien pasarse por la feria si la visita coincide en el mes de abril. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que las ferias andaluzas están siempre divididas en dos partes: las casetas y los cacharros. Los cacharros son las atracciones: el barco vikingo, la noria, el látigo… para montarse en algunas hay que demostrar bastante valor; las casetas, por otra parte, son estructuras desmontables cubiertas de tela, normalmente decoradas a rayas con listas verdes o rojas y blancas. Dentro hay espacio para un barra y un bar, una zona de baile y algunas mesas y sillas. Los cacharros es el lugar donde mandan los niños, que con sus gritos y exagerados ademanes nos llevan de acá para allá, tirando del brazo de unos extasiados y permisivos padres. Los adultos, sin embargo, disfrutan más en las casetas.

Una vez en la caseta, ya con el niño cansado, hay que hacer dos cosas básicas: beber y bailar, ambos ejercicios descontrolada y ruidosamente. Se bebe fino y se bailan sevillanas. Ir a la feria de Sevilla, o a cualquier feria de cualquier pueblo o ciudad de Andalucía, y no bailar sevillanas es como ir a París y no hacerte una foto con la torre Eiffel, o a Pisa y no ver la torre. Completamente imprescindible, da igual que lo hagas bien o mal.

Las sevillanas son un baile muy famoso en toda Andalucía, las puedes escuchar en cualquier periodo festivo de la comunidad, pero también son famosas en el resto de España, aunque su presencia es menor. Seguramente, tú, siendo extranjero, has visto alguna vez a alguien bailando sevillanas en alguna foto o vídeo, pero no lo sabías, claro.

Lo primero que tendríamos que aclarar es que las sevillanas no son flamenco, o sí, depende del especialista al que le preguntemos. Algunos defienden que no porque, de hecho, la sevillana es un baile descendiente de una danza castellana que llegó a Andalucía con la Reconquista, la seguidilla manchega. Otros, por el contrario, defienden que sí, porque, aunque en origen no sea un palo flamenco, se ha ido aflamencando cada vez más con el paso del tiempo. Matices de especialistas.

A mediados del siglo XIX nacen en Sevilla las ferias ganaderas, evento en el que cogieron mucha fuerza las sevillanas. Desde entonces, la historia de ambos correrá paralela hasta los años 60 del siglo XX, cuando la irrupción de las discográficas hizo que el baile pudiera tener vida más allá de las fiestas.

Sigue un compás 3/4 o 6/8, separado en 4 partes con un pequeño intervalo entre cada una. Se dice de ellas que son un baile muy difícil porque se necesita coordinación entre las manos, los pies y los brazos, y termina, tanto el baile como la música, de golpe. Siempre tienen que acompañar una guitarra, un cantaor y las palmas. Se baila normalmente en parejas, de dos mujeres o un hombre y una mujer, y simbolizan las cuatro etapas del cortejo del hombre a la mujer.

En la primera copla la mujer coquetea y presume mientras el hombre va a su encuentro, pero ella se aleja, como si huyera. En la segunda copla se acercan, y la mujer termina por permitir que la toque un poco. En la tercera se figura un engaño, una pelea o una riña, y se zapatea para dar énfasis al momento; incluso llegan a darse la espalda. En la cuarta y última copla se produce la reconciliación y se acaba bailando muy cerca y cara a cara.

Al principio, verás que la gente se toma más o menos en serio el tema del baile, y algunas parejas son un auténtico placer para la vista. A medida que avanza la noche y el vino va fluyendo, verás que el espectáculo se va deformando hasta los más insospechados y desacompasados pasos. Digno de verse. Cuando estás en ese momento, es hora de marcharse a casa, que todavía quedarán muchos días de feria por delante.

Las sevillanas son un baile folclórico y popular que goza de muy buena salud. Así, su futuro está asegurado en las generaciones más jóvenes de andaluces.

Ejemplo de sevillanas:

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Si un día vas a Sevilla (y creo que todo el mundo tiene que ir, al menos una vez en la vida) y nuestra visita coincide con el mes de abril, es completamente obligatorio ir a la feria. Las ferias andaluzas están siempre divididas en dos partes: las casetas y los cacharros. Los cacharros son las atracciones: el barco vikingo, la noria, el látigo… tienes que ser bastante valiente para montarte en algunas; las casetas son estructuras desmontables cubiertas de tela, normalmente decoradas a rayas con listas verdes o rojas y blancas. Dentro hay espacio para un barra y un bar, una zona de baile y algunas mesas y sillas. Los cacharros es el lugar donde mandan los niños, los padres, con cara de agotamiento, simplemente se dejan llevar de aquí para allá agarrados del brazo. Los adultos, sin embargo, disfrutan más en las casetas.

Cuando estás en la caseta, ya con el niño cansado, tienes que hacer dos cosas básicas: beber y bailar, las dos cosas con mucho descontrol y ruido. Se bebe vino fino y se bailan sevillanas. Ir a la feria de Sevilla, o a cualquier feria de cualquier pueblo o ciudad de Andalucía, y no bailar sevillanas, es como ir a París y no hacerte una foto con la torre Eiffel, o a Pisa y no ver la torre. Completamente imprescindible, no importa si bailas bien o mal.

Las sevillanas son un baile muy famoso en toda Andalucía, las puedes escuchar en cualquier periodo festivo de la comunidad, pero también son famosas en el resto de España, aunque su presencia es menor. Seguramente, tú, extranjero, has visto alguna vez a alguien bailando sevillanas en alguna foto o vídeo, pero no lo sabías, claro.

Es importante un dato: las sevillanas no son flamenco, o sí, cada especialista tiene su opinión. Algunos defienden el no porque, de hecho, la sevillana es un baile descendiente de una danza castellana llegada a Andalucía en la Edad Media, la seguidilla manchega. Otros, por el contrario, defienden el sí porque, aunque en origen no es un palo flamenco, se ha ido acercando cada vez más a este arte. Matices de especialistas.

A mediados del siglo XIX nacen en Sevilla las ferias ganaderas, y en este evento cogieron mucha fuerza las sevillanas. Desde entonces, la historia del baile y la feria correrá paralela hasta los años 60 del siglo XX, cuando el nacimiento de las discográficas dio más independencia a la música y al baile.

Sigue un compás 3/4 o 6/8, separada en 4 partes con un pequeño intervalo entre cada una. Es un baile muy difícil porque se necesita coordinación entre las manos, los pies y los brazos, y termina, el baile y la música, de golpe. Siempre tienen que acompañar una guitarra, un cantaor y las palmas. Se baila normalmente en parejas, de dos mujeres o un hombre y una mujer, y simbolizan las cuatro etapas del cortejo del hombre a la mujer.

En la primera copla la mujer coquetea y presume mientras el hombre va a su encuentro, pero ella se aleja. En la segunda copla se acercan, y el hombre toca un poco a la mujer, con su permiso, claro. En la tercera se imita un engaño, una pelea o una riña, y se zapatea para dar énfasis al momento; incluso se dan la espalda. En la cuarta y última copla se produce la reconciliación y se acaba bailando muy cerca y cara a cara.

Al principio la gente se toma más o menos en serio el baile, y algunas parejas son un auténtico placer para la vista. Cuando avanza la noche y el vino fluye más y más, el espectáculo se deforma y puedes ver los más insospechados y desacompasados pasos. Digno de verse. Cuando estás en ese momento, es hora de marcharse a casa, todavía quedan muchos días de feria por delante.

Las sevillanas son un baile folclórico y popular que goza de muy buena salud. Así, su futuro está asegurado en las generaciones más jóvenes de andaluces.

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Bernardo Ríos
Nació en Cádiz, una pequeña ciudad en Andalucía, en el sur de España. Estudió Filología Románica en Salamanca. Estuvo un año enseñando español en Singapur y ahora vive en Madrid, ciudad que le apasiona. Le gusta conocer otras culturas, la historia, el arte, la literatura y los idiomas. Ahora trabaja en una academia de español en Madrid.