Gabriel García Márquez no necesita grandes presentaciones, pues es uno de los escritores más célebres en lengua hispana. Nacido en 1928 en Aracataca, Colombia, fue reconocido internacionalmente por su obra maestra, Cien años de soledad (1967), una novela imprescindible, pero no la única: la lista de sus obras es muy extensa y se compone de novela, relato, ensayo y artículos periodísticos. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.

García Márquez se dedicó desde muy joven al periodismo, y así es como nace este libro, publicado originalmente por entregas en el diario El Espectador de Bogotá en 1955, poco después de los hechos reales. La publicación de estas entregas causó polémica y el escritor se exilió a París.

Relato de un náufrago cuenta la historia de un soldado de la marina militar colombiana

que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el Gobierno y olvidado para siempre

…este es el largo subtítulo de la obra.

La historia comienza cuando el buque A. R. C. Caldas sale de Mobile, en la costa estadounidense, para dirigirse a Cartagena, Colombia. El protagonista, un joven marinero llamado Luis Alejandro Velasco, cuenta los hechos en primera persona. Tras un día de viaje, el buque sufre un accidente y ocho marines caen al agua, entre ellos el protagonista, que resulta ser el único superviviente. En los primeros momentos después de la tragedia, Luis Alejandro ve cómo sus compañeros mueren ahogados mientras él consigue subirse a una balsa, en la que pasa los siguientes diez días.

La narración de estos días en alta mar resulta estremecedora. La balsa se mueve a la deriva, el sol le quema la piel, las noches son frías y el marinero cada vez está más débil… Lo único que tiene es su ropa y un reloj, con el que se obsesiona. El reloj parece ser el único vínculo con la civilización frente al mundo salvaje del mar. Así descubre que los tiburones aparecen a las cinco de la tarde y desaparecen por la noche.

Una terrible ironía para el náufrago perdido en alta mar es estar rodeado de agua y sufrir una sed mortal, como la describe él mismo:

Después de siete días sin tomar agua, la sed es una sensación distinta, es un dolor profundo en la garganta, en el esternón y especialmente debajo de las clavículas.

Cuando aparece el primer avión siente una gran alegría, pero el avión desaparece por el horizonte y no vuelve. Cuando aparece el segundo, está seguro de que esta vez lo han visto, sin embargo, las horas pasan y debe aceptar que nadie va a rescatarlo. Pronto se le aparece su compañero de la Marina, Jaime Manjarrés, que está sentado con él en la balsa. Es Jaime quien le avisa de que un barco se acerca, pero también este pasa de largo y se pierde en el horizonte. La desesperación está presente todo el tiempo, y también la rendición del protagonista, que está dispuesto a morir.

Al cuarto día, recuerda un relato en el que un náufrago alcanza la costa y es devorado por los caníbales. En su lamentable estado físico y mental, empieza a temer que le ocurra lo mismo, y tiene tanto miedo de la tierra como del mar.

Hambriento, intenta pescar, pero solo logra cazar una gaviota, que es incapaz de comerse por el asco que le produce. Más adelante, cuando los tiburones cazan alrededor de la balsa, un pez cae dentro y el náufrago logra comer tan solo un pedazo, pues un tiburón se lo arrebata de la mano.

Finalmente, la balsa alcanza la costa, y el náufrago pasa por unos primeros momentos de incertidumbre y una lenta recuperación.

Cuando su vida vuelve a la normalidad, una serie de empresas de publicidad le pagan grandes sumas de dinero: los fabricantes del reloj, de los zapatos, una marca de chicle y los medios de comunicación por contar su historia. Su heroísmo se convierte en un negocio aunque, como él dice, «mi heroísmo consistió en no dejarme morir».

Pero la historia verdadera se contó por primera vez con la publicación de estos artículos: aunque la versión oficial contaba que el accidente se había producido por una tormenta, lo cierto es que se había producido por un golpe de viento que obligó a soltar la carga ilegal que llevaba el barco, artículos de contrabando. Este movimiento es el que causó la caída de los marineros al agua. El «héroe» tuvo que abandonar la Marina por confirmar esta versión de la historia. Y García Márquez tuvo que abandonar el país.

En el prólogo, el autor admite que el relato es «digno», pero no entiende la utilidad de su publicación. Sabe que el interés se debe a que él mismo es un escritor de moda (el prólogo fue escrito en 1970, pocos años después de que apareciera Cien años de soledad). Sin embargo, como el mismo García Márquez dice para terminar su prólogo:

Por fortuna, hay libros que no son de quien los escribe sino de quien los sufre, y este es uno de ellos.

 

Relato de un náufrago
Gabriel García Márquez
Tusquets Editores, 1970
141 páginas

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Gabriel García Márquez no necesita grandes presentaciones. Nacido en 1928 en Aracataca, Colombia, es famoso por su obra maestra, Cien años de soledad (1967). En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Se dedicó desde muy joven al periodismo, y así nace este libro, publicado por entregas en el diario El Espectador de Bogotá en 1955. La publicación de estas entregas causó polémica y el escritor se exilió a París.

Relato de un náufrago cuenta la historia de un soldado de la marina militar colombiana que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber. Su patria lo declaró un héroe, lo besaron las reinas de la belleza y se hizo rico gracias a la publicidad. Después, el Gobierno lo aborreció y fue olvidado para siempre.

El protagonista, un joven marinero llamado Luis Alejandro Velasco sufre un accidente de barco y ocho marines caen al agua, entre ellos el protagonista, único superviviente. Luis Alejandro ve cómo sus compañeros mueren mientras él consigue subirse a una balsa. Solo tiene su ropa y un reloj. El reloj parece ser el único vínculo con la civilización.

Cuando aparece el primer avión siente una gran alegría, pero el avión desaparece por el horizonte. Aparece un segundo, pero pasa lo mismo. Pronto se le aparece su compañero de la Marina, Jaime Manjarrés, sentado con él en la balsa. Jaime le habla de un barco cercano, pero también se pierde en el horizonte.

Al cuarto día, recuerda un relato sobre un náufrago devorado por caníbales. En su lamentable estado físico y mental, empieza a temer la tierra y el mar.

Hambriento, intenta pescar, pero solo caza una gaviota, y no puede comérsela porque le da asco. Más adelante, cuando los tiburones cazan, un pez cae dentro y el náufrago se puede comer solo un pedazo, porque un tiburón se lo quita de la mano.

Finalmente, la balsa alcanza la costa, y el náufrago pasa por unos primeros momentos de incertidumbre y una lenta recuperación.

Cuando su vida vuelve a la normalidad, algunas empresas de publicidad le pagan mucho dinero por contar su historia: los fabricantes del reloj, de los zapatos, una marca de chicle y los medios de comunicación. Su heroísmo se convierte en un negocio.

Pero la historia verdadera se contó por primera vez con la publicación de estos artículos: el barco sufrió un golpe de viento. Tuvieron que tirar la carga: contrabando. El soldado tuvo que abandonar la marina después de decir la verdad, y García Márquez tuvo que huir del país.

El autor admite no entender la utilidad de la publicación del relato, pero él mismo reconoce que por fortuna, algunos libros son de quien los sufre, y este es uno de ellos.

 

Texto de nivel principiante adaptado por Bernardo Ríos.

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Irene Jové
Irene Jové (Barcelona, 1981) es licenciada en Filología Hispánica y ha estudiado también un máster en Traducción Literaria. Ha trabajado como correctora, lingüista computacional y traductora. Ha publicado un libro de poesía en español (El sol horizontal, Madrid, Torremozas, 2014) y prepara otro en catalán. Actualmente vive en Berlín, donde sigue trabajando por su cuenta para distintas editoriales y agencias de publicidad.