Con motivo del Día Internacional de los Desaparecidos, que tuvo lugar el 30 de agosto, diferentes asociaciones han denunciado la pasividad del gobierno y sociedad española en relación a los crímenes ocurridos durante la dictadura franquista.

Este año nos esperaba una noticia demoledora: España es el segundo país con más fosas comunes y desaparecidos del mundo, por detrás de Camboya. Es una cifra exacta: 114.226 personas desaparecieron a causa de la represión franquista. 114.226 personas con padres, hermanos, amigos, quizás nietos… Pero pocas veces esta cifra la vemos en un titular de periódico, y pocas veces oímos esta cifra dentro del Congreso. Y, a veces, cuando lo hacemos, es para marginar aún más a las víctimas.

Pero son los familiares y amigos de estas personas y los miles de voluntarios los que gritan esos nombres.

Solo hay que entrar en la página web de la asociación “Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica” (http://memoriahistorica.org.es/) para darnos cuenta de esta realidad, de que es necesario sanar y cerrar heridas muy abiertas. Las víctimas del franquismo no tienen justicia desde hace 40 años, 9 meses, 28 días y 3 minutos… Y suben los minutos y la horas, los días y los años, y todavía no hay justicia.

Esta asociación nace a raíz de la exhumación de una fosa común en la localidad de Priaranza del Bierzo (provincia de León) en la que se encontraban los restos de 13 republicanos civiles asesinados por falangistas el 16 de octubre de 1936. Fue en el año 2000. Muchas personas se acercaron aquel día a la excavación para pedir ayuda en la búsqueda de los suyos. Así fue como un grupo de personas vio la necesidad de organizarse para poder ofrecer esa ayuda, y crearon esta asociación.

Así que desde hace 16 años esta asociación da respuestas a muchas personas y ayuda a encontrar los restos de los asesinados.

Esta asociación critica que esto es algo que no hizo nadie por ellos en la democracia. Esta democracia que aprobó la Ley de Amnistía en octubre de 1977, en la que quedaron incluidos en la Amnistía “los delitos humanos cometidos por funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas”. Así quedaban impunes las violaciones a los derechos humanos cometidas antes del 15 de diciembre de 1976. Muchos son los voluntarios que trabajan, en esta y otras asociaciones, para pedir justicia. Esa justicia que no se ha visto desde entonces. Esa justicia que es muy difícil conseguir en España, país que no aprueba las investigaciones de los crímenes del Franquismo. País que inhabilita al juez Baltasar Garzón por prevaricación cuando intenta investigar la desaparición de las víctimas. Hay casos, como el de Ascensión Mendieta, que cruzó el Atlántico hasta Argentina para declarar ante una jueza y consiguió cumplir su sueño. La jueza argentina ordenó abrir la fosa común en la que está su padre. La justicia está a muchos kilómetros de España.

Esa justicia que, en España, a lo que más se ha acercado ha sido a crear una ley insatisfactoria y polémica. La Ley de la Memoria Histórica. Después de un difícil proceso parlamentario, se aprobó en diciembre de 2007. Esta ley reconoce y amplía derechos a las personas que sufrieron persecución y violencia durante la guerra y la dictadura. Es un primer paso hacia la recuperación de la memoria y la dignidad, pero se ha quedado a medio camino. Ni se investigan los crímenes ni los principales responsables responden penalmente por ellos. Esta ley se ha centrado en la reparación a las víctimas, en forma de pensiones e indemnizaciones.

Otro tema polémico que afronta la memoria histórica es la simbología franquista que aún vemos por las calles y plazas españolas. Aunque La ley de la memoria histórica establece la retirada de estos símbolos, muchas instituciones públicas todavía no lo han hecho, y muchas no tienen intención de hacerlo. Desde el ayuntamiento de Madrid, Ahora Madrid ha impulsado, no sin polémica, el cambio de nombre de 27 calles en esta ciudad. Sin consenso, el alcalde de Santander propone cambiar 24. En Palencia, han tenido que recurrir al poder judicial para poder hacer cumplir esta ley.

Así que las huellas de Franco y sus generales aún están por las ciudades y pueblos. Sus huellas y sus restos, en el caso de Franco, en el Valle de los Caídos, que se sostiene con fondos públicos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha ofrecido este año al Gobierno para retirar los restos del dictador del Valle de los Caídos. Lo hacen con el apoyo de varios organismos internacionales que demandan la discriminación que sufren las víctimas de la dictadura y la permanencia de lugares de enaltecimiento de la época franquista. Durante el Gobierno de Zapatero se publicó un informe con la recomendación de pasar los restos del dictador a un cementerio familiar y dejar el mausoleo financiado con el dinero de todos los españoles. Quizás vemos aquí la diferencia con otros dictadores europeos. En definitiva, Franco murió de viejo en el poder, no fue derrocado.

Voy a poner mi pequeño grano de arena y voy a recomendar 3 libros y 3 películas que tratan este tema. Porque dicen que, para pasar una página, primero hay que haberla leído.

Libros:

Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez: libro de impactantes cuentos.

Franco: Caudillo de España, de Paul Preston: biografía de Francisco Franco.

Morir, matar, sobrevivir: la violencia en la dictadura franquista, de Julián Casanova: gran trabajo de investigación.

Películas:

Las trece rosas, de Emilio Martínez-Lázaro: recién terminada la Guerra Civil, condenan a muerte a unas jóvenes por un delito que no habían cometido.

Salvador, de Manuel Huerga: reconstruye la ejecución por medio de garrote vil de Salvador Puig Antich en 1974, último preso político de España.

El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro: mezcla fantasía para escapar de la realidad.

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Marta Pueyo
Es de Barcelona y lleva varios años viviendo en Berlín, ciudad de la que no es fácil escapar. Trabaja con niños y adultos entre el mundo de la educación y de la comunicación. También disfruta de su tiempo recolectando sus propias patatas y haciendo pinitos en el mundo de la música.