Tengo que hablar de música y tengo que hablar de Madrid, así que tengo la excusa perfecta para hablar de algunos de los grupos que viven en Madrid y que he escuchado en casa (y con suerte, en concierto) muchas, muchas veces.

Me gusta mucho la música, pero nunca he sabido definirla, no sé muy bien qué estilo corresponde con algunas de las cosas que escucho. Lo que sí que sé reconocer es que hay música que me llega al corazón.

Son muchos los grupos que viven en Madrid, y que me gustan, pero me limitaré a hablar de los cinco que más me emocionan cuando los escucho.

Roldán. Lo descubrí por casualidad. Fui a un concierto suyo en Barcelona porque me llevó mi amigo Iñaki y aquel día no tenía nada mejor que hacer. Cómo agradezco esos planes espontáneos que se convierten en un recuerdo imborrable.

No lo había escuchado nunca, la sala donde tocaban era pequeña y entre el público no había mucha gente. En el escenario, solo una batería y una guitarra eléctrica. La guitarra la tocaba el cantante, Roldán, un hombre alto de voz profunda. El sonido de la guitarra iba acompañado de un pedal con efectos. Las letras de las canciones llegaban a mi corazón aunque no las entendía todas. Desde entonces, no he dejado de decirle a mis amigos “¡por favor, escuchad Roldán!”

 

Linda Mirada. Tengo casi 37 años, pero soy la adolescente eterna. Y cuando escuché las letras de Linda Mirada, se hizo la luz. Sentí que alguien cantaba y contaba historias muy cercanas a mí. Por supuesto, no solo me gustaron sus letras, también la música: sintetizadores, guitarra y, sobre todo, sobre todo, el ritmo que marca todas y cada una de sus canciones.

 

Kiki d’Akí. Kiki d’Akí empezó en los años 80. No tuvieron mucho éxito comercial, quizá por eso, el grupo se disolvió. Por suerte para los que descubrimos tarde a Kiki d’Akí, alguien los rescató. Hace unos diez años, reeditaron canciones antiguas y, si no me equivoco, compusieron algunas nuevas. No es solo la historia del grupo lo que le da encanto a Kiki d’Akí. Lo que le da encanto a Kiki d’Akí es, ante todo, sus canciones, las letras (“a veces lloro por una mancha en la pared, y me preocupa llorar por una idiotez”), la música, la voz a veces aguda, a veces grave de Kiki d’Akí. Las canciones de Kiki d’Akí son una mezcla de algo dulce y oscuro a la vez.

 

Joe Crepúsculo. Tuve una época en la que me quería casar con él. Fue el efecto que hicieron en mí sus canciones. Y es que algunas de sus canciones hablan de pasarse el día tumbado en el sofá bebiendo cerveza, otras son declaraciones de amor con el corazón abierto de par en par, o bien canciones que hablan de ser viejo o no serlo, que dicen que los abuelos son los ángeles de los nietos. Cada vez que escucho a Joe Crepúsculo, siento que en sus letras hay mucha sabiduría.

Como he dicho al principio, me cuesta definir los estilos de música, describir melodías, así que la única forma que tengo de describir la música de Joe Crepúsculo, es diciendo que sus canciones me alegran el corazón. Y en concierto, todavía más, porque no hay nada más divertido que un concierto de Joe Crepúsculo.

 

Los caramelos de Charlie Mysterio. Igual que el misterio, la voz y la música de Charlie Mysterio seducen. No podría haber elegido un nombre mejor. Porque su música seduce y transporta a algún lugar desconocido del que no querrías volver nunca.

Y es que cuando la música es música, te transporta a otro lugar. Y es lo que sucede con Charlie Mysterio, Joe Crepúsculo, Kiki d’Akí, Linda Mirada y Roldán. Te transportan a aquel lugar que no sabes muy bien dónde está, aunque sí sabes bien cómo entrar. La llave: la música.

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Anna Taules
Anna Taulés estudió Filología Hispánica en Barcelona, ciudad en la que nació, creció y vivió hasta hace poco. Actualmente vive en Berlín. Tiene 35 años y se dedica a la música y a la escritura entre otras cosas.