El cultivo de plantas nació hace mucho tiempo, en el Neolítico (7.000 a.C). En el llamado Creciente fértil, una antigua zona del Levante Mediterráneo, Mesopotamia y Persia, las condiciones climáticas eran perfectas para las plantas y los humanos aprendieron a cultivar la tierra. Ya no dependían solo de la recolección de alimentos o de la caza y la pesca. Esto significó un cambio muy importante en las sociedades: sedentarismo, aumento de la población, división del trabajo, desarrollo de actividades artesanales o el comercio. La revolución agrícola dio paso a la evolución social.

En un principio, la agricultura tuvo una función alimenticia, pero con el paso del tiempo se descubrieron además sus propiedades medicinales, aromáticas y estimulantes. Otro uso fue el ornamental, es decir, servir de adorno. Y también funciones industriales, como las textiles, las azucareras y aquellas derivadas de aceites.

En el siglo XX, la contaminación y la explotación agrícola producen una reducción de la biodiversidad. Entonces nace una conciencia verde global: el respeto al medio ambiente. Las plantas no son solo útiles para el ser humano sino para todo el planeta, porque cumplen una función ecológica. Algunas técnicas desarrolladas son la agricultura biológica o la reforestación.

Pero el uso y el tratamiento de las plantas sigue evolucionando y el siglo XXI ya está pensando en el futuro de las plantas. A continuación, siete casos sorprendentes:

Plantas para producir electricidad:

La Universidad de Georgia estudia cómo obtener electricidad a partir del proceso de fotosíntesis. En este proceso se libera energía y con la ayuda de nanotubos conductores (cables microscópicos) se almacena en baterías en forma de electricidad.

Plantas para extraer metales:

En un estudio publicado por la revista Nature, se demuestra cómo los eucaliptos pueden absorber oro y níquel a través de sus raíces y trasladar estos metales a sus hojas. No son un sustituto para las perforaciones mineras, pero sí sirven para descubrir si hay metales en una zona y reducir así gastos de exploración.

Plantas biofactoría:

En lugar de utilizar microorganismos o cultivos celulares, se pueden utilizar plantas modificadas genéticamente para producir grandes cantidades de proteínas, anticuerpos u otros productos de gran valor para la ciencia.

Plantas sin luz solar:

Plantlab es una compañía de investigación holandesa. Sigue la técnica del invernadero y cultiva plantas con luz artificial. Las plantas son verdes porque reflejan el espectro de luz verde. Para reflejar la luz la planta se calienta y tiene que enfriarse. Esto significa mucha energía para la planta, pero con luz artificial roja y azul y unas condiciones óptimas de humedad y temperatura las plantas pueden seguir creciendo.

Plantas devoradoras de partículas nocivas:

Otra empresa holandesa, Ecorridors, ha desarrollado una planta trepadora modificada genéticamente para captar partículas de polvo del aire y hacer de filtro biológico. Estas plantas crecen tres veces más rápido y pueden cubrir las barreras acústicas situadas en las carreteras, reduciendo la contaminación acústica y de CO2.

Plantas bioluminiscentes:

El emprendedor israelí Omri Amirav ha diseñado una secuencia de ADN de una planta que puede producir luz. Aunque aún está en fase de desarrollo, su idea es que estas plantas podrán sustituir a las farolas de una calle. La compañía Bioglow está desarrollando el mismo concepto a través de su proyecto Starlight Avatar.

Plantas ornamentales flotantes:

El grupo japonés Hoschinchu recauda fondos para comercializar un bonsái flotante. Esto funciona gracias al magnetismo. Este se utiliza tanto en el soporte como en la esfera de tierra que sostiene el bonsái. Al colocar la esfera sobre la base, el bonsái flota a una distancia de 2 cm y puede girar.

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