Mark Zuckerberg, creador de Facebook, decía en el Congreso Mundial del Móvil de Barcelona 2016: “no entiendo cómo podemos estar hablando de desarrollar la tecnología 5G cuando todavía hay zonas del mundo a donde no llega internet”.

Y es que la Red de Redes, para no pocas voces influyentes, debe convertirse en un derecho fundamental, tal como la casa, el trabajo… ¿Es un reclamo pertinente en nuestro mundo? ¿Puede considerarse internet tan necesario como la comida, el hogar, el trabajo digno o la libertad? Los que defienden esta postura hablan de la Web como el principal vehículo de comunicación cultural humano, una herramienta de democratización global a través de la redes sociales, foros o cualquier plataforma donde todos pueden comentar, dejar su opinión y su crítica.

Sea como fuere, con la consideración que cada uno quiera darle, es verdad que internet se ha convertido, al menos en la parte del mundo que nos toca, en una herramienta laboral, de ocio y de comunicación sin la cual nos podemos sentir completamente perdidos. Pero los derechos fundamentales, en nuestra sociedad y sistema, se pagan, y no tienen por qué ser baratos. Podemos pensar en las casas, por ejemplo, o en la dificultad para encontrar un empleo. De hecho, parece que estos derechos básicos son más una utopía que una realidad, muchas veces.

Así, internet hay que pagarlo y, depende del país, hay que pagarlo bastante caro. En España, por ejemplo, aunque el servicio llega a la inmensa mayoría de la población, es uno de los más caros y peores de Europa; no tanto por la calidad de la red o la velocidad, sino por la atención al cliente y, claro está, el precio. La sociedad española, además, ve con muy malos ojos a estas empresas, y la consideración social que se les otorga es de estafadoras, mentirosas, aprovechadas y desleales. Está generalizado pensar que, cuando tienes un problema con una compañía telefónica, lo más probable es que no te solucionen nada y, si lo hacen, tienes que estar peleándote con ellos durante semanas.

Cojamos como ejemplo a Yoigo, el cuarto teleoperador más importante del país. Yoigo lanzó en verano de 2015 una tarifa para móviles de contrato completamente rompedora en el mercado español: 20 GB de internet y todas las llamadas incluidas por 29 euros al mes. Yoigo es filial de una empresa sueco-finlandesa, TeliaSonera, que ofrece en Finlandia , bajo el nombre de una de sus ramas, Sonera, llamadas, mensajes de texto e internet, todo ilimitado, por 33 euros al mes. La diferencia es, cuando menos, abrumadora. Y tened en cuenta que es una comparación hecha con la mejor tarifa del mercado español (y la mejor con mucha diferencia, las demás, de cualquier compañía, ni se le acercan).

¿Por qué son tan caras? Hasta los años 90 España solo tenía una empresa de telecomunicaciones, pública y estatal: Telefónica, que tenía el monopolio del sector. Cuando se abrió el mercado, rápidamente surgieron otras compañías, como Airtel, Amena, etc., que entre fusiones y desapariciones llegaron al mercado actual como Movistar (la antigua telefónica, que sigue existiendo pero pasó a capital privado), Vodafone (británica), Orange (francesa), Yoigo (filial de TeliaSonera, sueca), y otros muchos de los llamados operadores virtuales, es decir, aquellas compañías que no tienen red propia: Amena, Carrefour Móvil, Eroski Móvil, Euskaltel, Happy Móvil, Jazztel Móvil, Lebara, Lycamobile, Masmovil, Pepephone, R móvil, Tuenti móvil… y hay bastantes más.

Muchas veces se ha rumoreado que las cuatro compañías grandes, Movistar, Orange, Vodafone y Yoigo, pactan los precios y llegan a acuerdos para cerrar el mercado e imposibilitar la libre competencia. De hecho, varias de estas compañías han sido denunciadas y en los medios se ha llegado a hablar de la continuación del monopolio del mercado a pesar de la privatización y supuesta apertura.

Pero no todo es negativo. Si evaluamos el servicio, por ejemplo, parece que sí aprobamos. Según OpenSignal, empresa que se dedica a la medición y comparación de las redes móviles mundiales, Vodafone España da el servicio de 4G más rápido del mundo. Que sea la red más rápida no quiere decir que sea la más amplia, porque hay algunas zonas donde aún no está disponible esta tecnología. Sin embargo, la mayor parte de la población del país sí es usuaria, ya que prácticamente todas las capitales de provincia y los núcleos de población importantes están dentro de la zona con cobertura 4G.

¿Sería mejor tener un servicio que no fuera puntero a nivel mundial pero más económico? ¿Es incompatible prestar un servicio de máxima categoría con precios más bajos? Antes poníamos el ejemplo de Finlandia que es, casualmente, el país que sigue a España en velocidad de 4G. Más que imposible, parece poco conveniente. ¿Para qué expandir o facilitar un vehículo cultural, considerado por algunos un derecho básico, cuando ganas tanto dinero con él limitándolo?

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Mark Zuckerberg, creador de Facebook, dijo en el Congreso Mundial del Móvil de Barcelona 2016: “no entiendo por qué hablamos de desarrollar la tecnología 5G cuando hay zonas del mundo donde no hay internet”.

La Red de Redes, para un número importante de expertos mundiales, debe convertirse en un derecho fundamental, como la casa, el trabajo… ¿Es justo considerarlos al mismo nivel? ¿Podemos considerar internet tan necesario como la comida, el hogar, el trabajo digno o la libertad? Los defensores de esta opinión hablan de la Web como el principal medio de comunicación cultural humano, una herramienta de democratización global gracias a la redes sociales, foros o cualquier plataforma donde todos pueden comentar, dejar su opinión y su crítica.

Y una cosa es cierta: internet se ha convertido, en nuestra zona del mundo, en una herramienta laboral, de ocio y de comunicación imprescindible, sin ella podemos sentirnos un poco perdidos. Pero los derechos fundamentales, en nuestra sociedad y sistema, se pagan, y no siempre baratos: podemos fijarnos en el precio de las casas, por ejemplo, o la dificultad para encontrar un empleo. Estos derechos básicos son, muchas veces, una especie de utopía.

Internet hay que pagarlo y, depende del país, hay que pagarlo bastante caro. En España, por ejemplo, aunque el servicio llega a casi toda la población, es uno de los más caros y peores de Europa; no por la calidad de la red o la velocidad, porque la atención al cliente es mala y el precio es alto. La sociedad española, además, tiene muy mala opinión de estas empresas, y piensa que son estafadoras, mentirosas, aprovechadas y desleales. La gente cree que no solucionan los problemas y, si lo hacen, tienes que pelearte con ellas durante semanas.

Un ejemplo: Yoigo, el cuarto teleoperador más importante del país. Yoigo lanzó en verano de 2015 una tarifa para móviles de contrato imposible en el mercado español: 20 GB de internet y todas las llamadas incluidas por 29 euros al mes. Yoigo es filial de una empresa sueco-finlandesa, TeliaSonera. Este operador ofrece en Finlandia , con el nombre de Sonera, llamadas, mensajes de texto e internet, todo ilimitado, por 33 euros al mes. La diferencia es espectacular. Y esta es la mejor tarifa del mercado español (y la mejor con mucha diferencia, las demás, de cualquier compañía, ni se acercan).

¿Por qué son tan caras? Hasta los años 90 España solo tenía una empresa de telecomunicaciones, pública y estatal: Telefónica tenía el monopolio del sector. Cuando se abrió el mercado, rápidamente surgieron otras compañías: Airtel, Amena, etc. Algunas se fusionaron y otras desaparecieron, y en el mercado actual tenemos a Movistar (la antigua telefónica, sigue existiendo pero pasó a capital privado), Vodafone (británica), Orange (francesa), Yoigo (filial de TeliaSonera, sueca), y otros muchos operadores virtuales, compañías sin red propia: Amena, Carrefour Móvil, Eroski Móvil, Euskaltel, Happy Móvil, Jazztel Móvil, Lebara, Lycamobile, Masmovil, Pepephone, R móvil, Tuenti móvil… y hay bastantes más.

Hay muchos rumores sobre Movistar, Orange, Vodafone y Yoigo. Algunos dicen que pactan los precios y llegan a acuerdos para cerrar el mercado y hacer imposible la libre competencia. Varias de estas compañías han sido denunciadas y en los medios se ha hablado de la continuación del monopolio del mercado, a pesar de la privatización y supuesta apertura.

Pero no todo es negativo. Si evaluamos el servicio, por ejemplo, parece que sí aprobamos. Según OpenSignal, empresa dedicada a la medición y comparación de las redes móviles mundiales, Vodafone España da el servicio de 4G más rápido del mundo. Más rápido no significa más amplio, porque en algunas zonas aún no está disponible esta tecnología. Sin embargo, la mayor parte de la población del país sí es usuaria, porque prácticamente todas las capitales de provincia y los núcleos de población importantes están dentro de la zona con cobertura 4G.

¿Es mejor tener un servicio no tan puntero a nivel mundial y más económico? ¿Es incompatible dar un servicio de máxima categoría con precios más bajos? Antes poníamos el ejemplo de Finlandia. Este país es, casualmente, el segundo en velocidad de 4G. Más que imposible, parece poco conveniente. ¿Para qué expandir o facilitar un vehículo cultural, considerado por algunos un derecho básico, cuando ganas mucho dinero con él limitándolo?

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Bernardo Ríos
Nació en Cádiz, una pequeña ciudad en Andalucía, en el sur de España. Estudió Filología Románica en Salamanca. Estuvo un año enseñando español en Singapur y ahora vive en Madrid, ciudad que le apasiona. Le gusta conocer otras culturas, la historia, el arte, la literatura y los idiomas. Ahora trabaja en una academia de español en Madrid.