¿Pueden imaginarse hoy en día la cocina mediterránea sin tomate o la de Europa del norte sin papas? ¿O un día frío y triste sin chocolate? Es difícil, pero la vida en el “Viejo Mundo” y en particular la comida, eran muy diferentes antes de los viajes de los europeos a América Latina.

Cuando Hernán Cortés, el conquistador de México, llegó a la Plaza de Tlatelolco, el gran mercado de la capital, se asombró de la cantidad de cosas en venta y dijo “todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra”. Con esta exclamación nos dijo que se encontraba en un mundo lleno de productos curiosos y bonitos, pero también quizás feos y, sobre todo, desconocidos.

Así, los conquistadores llevaron a Europa muchos productos comestibles desconocidos en esta época. No los podemos nombrar todos pero hay frutas como la piña, la guayaba, el mamey y el aguacate; verduras como el tomate, la papa, el chile (o ají), el frijol o la calabaza; cereales como el maíz o la quinua; semillas como el cacao, el cacahuete (o maní) o la chía; yerbas y saborizantes como el epazote, la yerba mate o la vainilla y tantos otros. Muchos de estos productos provienen de las tierras calientes de Mesoamérica (México y América Central), donde llegaron primero los españoles, y otros de los altiplanos andinos. Algunos eran (y son todavía) productos alimenticios básicos como el maíz, los frijoles y la calabaza en Centroamérica o la papa en los Andes. Otros eran de gran importancia simbólica y usados como moneda de trueque por los pueblos nativos como las semillas de cacao para los aztecas y los mayas, o la yerba mate para los guaraníes.

Los magueyes, no tan conocidos, también son especies muy apreciadas sobre todo por las bebidas elaboradas con ellos como el tequila y el mezcal; pero también son usados para la fabricación de fibras y tejidos.

Ahora, muchas de estas delicias están totalmente incorporadas a las cocinas del mundo y mucha gente ha olvidado su origen. Los colonizadores también llevaron en sus baúles plantas medicinales que todavía se usan actualmente en la elaboración de medicamentos como el toloache (Datura stramonium) o el barbasco (Dioscorea composita), usado en la síntesis de hormonas. Ya en 1552 Martín de la Cruz, médico indígena, y Juan Badiano, estudiante del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, redactaron en México el Códice de la Cruz-Badiano, primer libro sobre las hierbas medicinales de los pueblos indígenas. En este libro se habla de 227 plantas y hay 185 ilustraciones detalladas. Más tarde, en 1571 Felipe II, rey de España, manda a su médico, Francisco Hernández de Toledo, a estudiar la flora y la fauna. Formó una colección de plantas secas, dibujó y estudió las prácticas medicinales locales. Sus estudios fueron de gran uso para los médicos del mundo. Un siglo más tarde, más al sur, otro religioso español se acercó al uso terapéutico de las semillas de guaraná con las cuales los indígenas de Brasil y de los países colindantes preparaban un “elixir de la larga vida”. Los primeros estudios botánicos sobre la planta aparecen solamente en el siglo XIX y en este mismo siglo la semilla se convirtió en el estimulante más usado en Europa. Después de estos primeros estudios, los grandes laboratorios farmacéuticos del mundo nunca dejaron de buscar, y de encontrar, en la naturaleza de este continente nuevas aportaciones para la medicina.

Y, finalmente, no se mencionan frecuentemente pero las plantas ornamentales originarias de América Latina son numerosas también y se difundieron en el mundo. Tampoco se pueden nombrar todas pero podemos mencionar algunas de las más conocidas. De nuestro continente provienen varias orquídeas, a las que Francisco Hernández llamó “plantas dignas de verse” y que ahora adornan casas y jardines en muchas partes. La mayoría de las dalias también son originarias de Mesoamérica. Las magnolias (Talauma mexicana y Magnolia dealbata) son árboles con flores muy atractivas y aromáticas que se usaban como aromatizantes del chocolate y actualmente tienen usos medicinales. La flor de mayo (Plumeria Rubra), así conocida por la época de su floración, que antiguamente se ofrendaba en guirnaldas a los señores importantes y hoy en collares a los visitantes de las islas Hawaii, es de gran importancia en la industria hortícola actual. El clavel de India (Tagetes), indispensable en México para los festejos de los Días de Muertos cuando los altares de las casas y los cementerios se visten de su color amarillo anaranjado, ya ha sido adoptado en todo el mundo.  Otra planta mexicana es ahora símbolo de la Navidad en el mundo entero, la nochebuena o Poinsettia, nombre debido a Joel Roberts Poinsett que fue representante especial de Estados Unidos en México en 1822-1823 y la introdujo en su país hasta transformarla en la base de la industria californiana de horticultura.

Por todas estas aportaciones de América Latina al mundo podemos estar orgullosos de nuestras tierras y reivindicarlas como nuestras y a la vez universales.

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Esta unidad didáctica es para alumnos de español como lengua extranjera de nivel principiante (A1-A2). Trabajamos con el vocabulario relacionado con la comida y las plantas, especialmente los que proceden de América Latina. Creamos frases con verbos como gustar, encantar, interesar y molestar y repasamos los pronombres de objeto indirecto (me, te, le, nos, os, les). La unidad didáctica también incluye la comprensión lectora del texto.

 

Unidad didáctica: Productos de América Latina. Nivel principiante (A1/A2)

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Eduviges Finel
Eduviges Finel tiene 60 años, nació y creció en Paris Francia y lleguó a México en el año 1978. Ahora vive en Mazunte, estado de Oaxaca, México. Es traductora y maestra de idiomas. Trabaja con el español, el francés, el inglés y el italiano. Ha vivido en Francia, en Italia y en México. Le gusta mucho leer, sobre todo novelas pero también alguno que otro ensayo de varios temas como historia, política o sociología. Le gusta también mucho el mar caliente como el que hay aquí.