Según una leyenda del pueblo Aimara (habitantes de la meseta andina del lago Titicaca desde tiempos precolombinos), un día una estrella bajó a la Tierra encantada por un jovencito Aimara y habló con él durante mucho tiempo. Cuando la estrella tuvo que volver al cielo tanto ella como el chico quedaron muy tristes por la separación, así que él decidió ir por ella en compañía de su gran amigo: el cóndor de los Andes. Al encontrarla, el chico y la estrella pasaron mucho tiempo juntos y ella lo alimentaba con un grano dorado muy rico y nutritivo: la quinua. Un día, cuando el chico decidió volver a la Tierra para visitar a sus padres, la estrella envió con él el poderoso grano a fin de que su pueblo pudiera cultivarlo en la Tierra y es por eso que desde entonces la quinua ha sido el alimento primario de muchos pueblos andinos.

Los aimaras han estado agradecidos con la naturaleza durante años y han dedicado sus esfuerzos al cultivo de la quinua desde que la conocen. Y es que pese a que para muchos de nosotros las propiedades de esta poderosa semilla clasificada como un ‘pseudocereal’ habían estado hasta ahora ocultas, para las comunidades andinas nunca ha sido un secreto que cuentan con un superalimento en sus campos. La quinua, también llamada quinoa o arroz andino, ha hecho parte de la agricultura en los Andes bolivianos, ecuatorianos y peruanos desde hace más de 5.000 años y junto con la papa fue base de la agricultura andina durante los periodos preincaico e incaico. La semilla ancestral, perteneciente a la familia de las espinacas y de la remolacha, era la ofrenda más preciada que los incas reservaban para Inti, el Dios Sol.

Durante los últimos años la semilla de los dioses ha ido adquiriendo gran protagonismo a nivel mundial y hoy en día se considera como uno de los alimentos más completos de origen vegetal que puede incluso incorporarse en la dieta de celíacos. Dado que este grano excepcional es altamente resistente al frío, a la sequía y a la altura, es posible que la planta pueda cultivarse incluso en suelos de escasa riqueza nutritiva, lo cual sumado a importantes reconocimientos como el que la ONU hizo en 2013 por la labor de los pueblos andinos para la preservación del cultivo de la quinua mediante prácticas de agricultura sostenible, ha hecho que la atención del mundo se centre en el impacto de la quinua para la seguridad alimentaria y nutricional. De esta forma, su cultivo ha trascendido fronteras continentales y hoy en día países como Francia, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Holanda e Italia se suman a la lista de países cultivadores en Europa.

El cultivo de este grano único, rico en calcio, hierro y aminoácidos esenciales que, gracias a su alto contenido de almidón, puede emplearse como un cereal, también está presente en distintas etapas de implantación en India y China en Asia y en Marruecos, en el continente africano.

Por su alto contenido nutricional y por ser una fuente recomendada de energía incluso la NASA decidió integrarla en la dieta de los astronautas. La quinua, rica en hidratos de carbono complejos y minerales como el potasio, el magnesio y el fósforo, además del hierro y del calcio, también ofrece vitaminas del grupo B en cantidades generosas, vitamina E y un aporte protéico mayor que el de cualquier cereal. De la misma manera, su alto contenido de fibra ayuda a la eliminación de toxinas y a la reducción del colesterol malo, así como su bajo índice glucémico además ayuda en la dieta de las personas diabéticas o que deseen perder peso de forma saludable.

Por si fuera poco, la semilla de los dioses es altamente versátil y puede incluirse en una gran variedad de recetas. Sopas, ensaladas, guisos, postres y bebidas hacen parte de la amplia gama de opciones culinarias para prepararla. Lo más importante para tener en cuenta, si deseas incluirla en tus platos es que primero debe lavarse apropiadamente para eliminar una sustancia tóxica que contiene, la llamada saponina. Luego de eso, solo tienes que hervirla 15 o 20 minutos, como si fuera arroz.

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Según una leyenda del pueblo Aimara (habitantes de la meseta andina del lago Titicaca desde tiempos precolombinos), un día una estrella bajó a la Tierra encantada por un jovencito Aimara y habló con él durante mucho tiempo. Cuando la estrella tuvo que volver al cielo tanto ella como el chico quedaron muy tristes por la separación, así que él decidió ir por ella en compañía de su gran amigo: el cóndor de los Andes. Al encontrarla, el chico y la estrella pasaron mucho tiempo juntos y ella lo alimentaba con un grano dorado muy rico y nutritivo: la quinua. Un día, cuando el chico decidió volver a la Tierra para visitar a sus padres, la estrella envió con él el poderoso grano y así el pueblo del chico lo podría cultivar en la Tierra. Es por eso que desde entonces la quinua ha sido el alimento primario de muchos pueblos andinos.

Los aimaras han estado agradecidos con la naturaleza durante años y han dedicado sus esfuerzos al cultivo de la quinua desde que la conocen. Para muchos de nosotros las propiedades de esta poderosa semilla clasificada como un ‘pseudocereal’ habían estado hasta ahora ocultas. Sin embargo, para las comunidades andinas nunca ha sido un secreto: ellos saben que cuentan con un superalimento en sus campos. La quinua, también llamada quinoa o arroz andino, forma parte de la agricultura en los Andes bolivianos, ecuatorianos y peruanos desde hace más de 5.000 años y, junto con la papa, fue base de la agricultura andina durante los periodos preincaico e incaico. La semilla ancestral, que pertenece a la familia de las espinacas y de la remolacha, era la ofrenda más preciada que los incas reservaban para Inti, el Dios Sol.

Durante los últimos años, la semilla de los dioses ha tomado gran protagonismo a nivel mundial y hoy en día se considera uno de los alimentos más completos de origen vegetal. Además, también los celíacos pueden consumirla en su dieta. Este grano es muy resistente al frío, a la sequía y a la altura, por eso es posible cultivar esta planta incluso en suelos con poca riqueza nutritiva. Esto convierte a la quinua en un alimento de seguridad alimentaria y nutricional. La ONU hizo en 2013 especial reconocimiento a la quinua por la labor de los pueblos andinos para la preservación de su cultivo con prácticas de agricultura sostenible. De esta forma, el cultivo de la quinua pasa las fronteras continentales y hoy en día países como Francia, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Holanda e Italia se suman a la lista de países cultivadores en Europa.

El cultivo de este grano único, rico en calcio, hierro y aminoácidos esenciales que, gracias a su alto contenido de almidón, puede utilizarse como un cereal, también está presente en distintas etapas de implantación en India y China en Asia y en Marruecos, en el continente africano.

Por su alto contenido nutricional y por ser una fuente recomendada de energía incluso la NASA decidió integrarla en la dieta de los astronautas. La quinua, rica en hidratos de carbono y minerales como el potasio, el magnesio y el fósforo, además del hierro y del calcio, también ofrece vitaminas del grupo B en cantidades generosas, vitamina E y más proteínas que otros cereales. De la misma manera, su alto contenido en fibra ayuda a la eliminación de toxinas y a la reducción del colesterol malo. Su bajo índice glucémico también ayuda en la dieta de las personas diabéticas o que desean perder peso de forma saludable.

Con la semilla de los dioses se pueden hacer muchas recetas. Sopas, ensaladas, guisos, postres y bebidas son algunas de las opciones para prepararla. Lo más importante si deseas cocinar con ella es saberla preparar: primero debe lavarse para eliminar una sustancia toxica que contiene llamada saponina. Luego solo tienes que hervirla 15 o 20 minutos, como el arroz. ¡Que aproveche!

Texto de nivel principiante adaptado por Andrea Rubio.

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Carolina Rodríguez
Colombiana de nacimiento y ciudadana del mundo, Carolina Rodríguez Beltrán nació en Bogotá en el año de 1984 y luego de vivir en diversas ciudades del globo terráqueo llegó el año 2014 a Berlín. Auténtica, optimista y de carácter afable, Carolina se ha interesado siempre por las lenguas, las culturas extranjeras, la escritura y la comunicación. Los inicios de su carrera tuvieron lugar en Colombia, donde llevó a cabo con éxito estudios en Filología Inglesa y Traducción. Posteriormente su rumbo se direccionaría a países como los Estados Unidos, Polonia y Alemania, en donde, además de ganar experiencia como traductora y profesora de español para extranjeros, ha concluído estudios de maestría en Lenguas, Literaturas y Culturas Transnacionales (Universidad de Münster), y ha incursionado en ámbitos como la escritura y lectura de artículos para revistas enfocadas en el aprendizaje de español como lengua extranjera, como es el caso de Mundo Bonito.