En las grandes y no tan grandes ciudades españolas se ven cada vez más huertos urbanos. Son pequeñas parcelas donde la gente puede cultivar de manera ecológica: patatas, zanahorias, tomates, berenjenas, limones… Y todo esto sin ir al supermercado y sin importar de países muy lejanos. Este retorno al mundo agrícola, a lo verde… ¿es una moda, una necesidad, una oportunidad que ofrece la crisis o solo nostalgia por lo verde? Es un poco de todo. Vamos por partes.

Los huertos urbanos existen en España desde hace algunos años. Por ejemplo, en Cataluña el primer huerto municipal es de 1986. La iniciativa  nació de unos abuelos y abuelas que querían un lugar para cultivar su verdura en su tiempo libre. Y el ayuntamiento los escuchó. La verdad es que la mayoría de estos huertos son espacios para jubilados, es decir, personas de más de 65 años que quieren relajarse en su espacio verde y recuperar las tradiciones agrícolas. Sin embargo, la crisis económica y la moda por el consumo de productos locales y sostenibles ha cambiado un poco el público del huerto urbano.

La crisis económica que vive España desde 2008 ha dejado muchos terrenos sin uso. Para el ayuntamiento de la ciudad es muy caro mantener estos espacios. Las zonas verdes siempre gustan a la población, pero un parque es muy caro de mantener: luz, agua, trabajadores… ¿Y si arrendamos la zona en pequeños huertos donde los arrendatarios pagan su propia luz y agua? ¡Qué buena idea!

A esta oferta también tenemos que sumar la importante demanda por estos huertos. Normalmente, para poder tener un huerto urbano era necesario tener más de 65 años o tener un sueldo muy bajo. Estos espacios siempre han sido una buena manera de ayudar a las familias más necesitadas a poder cultivar su propia comida de forma sencilla y barata. Sin embargo, poco a poco hay muchos ayuntamientos que ofrecen los huertos a toda la población. Ahora la demanda es mucho más grande porque en España hay mucha gente que no tiene trabajo. Además, entre los jóvenes está creciendo la necesidad de conocer el origen de su comida. Sí, parece que la agricultura está otra vez de moda. Así que si estamos interesados, solo tenemos que apuntarnos a una lista y esperar el día del concurso. Si tenemos suerte y entramos en una parcela, podremos estar en nuestro huerto entre 3 y 5 años, según las leyes de cada ayuntamiento.

Abuelos y abuelas, parados y paradas, jóvenes… ¿y los niños? También los niños disfrutan de los huertos urbanos. Con sus abuelos, con sus padres, pero también con la escuela. Y es que muchas escuelas aprovechan estos espacios para recuperar la agricultura tradicional y para enseñar a los niños el origen de lo que comen. También sirve para aprender matemáticas. Muchos maestros prefieren hacer números en el huerto y no en la pizarra. Medir el espacio de la parcela, contar cuántas semillas ponemos en cada agujero, regar las plantas, recoger y repartir los frutos es una maravillosa manera de aprender en muchos sentidos.

Así que ahora ya lo sabemos: los huertos urbanos son una buena oportunidad que da la crisis para cubrir la necesidad que tenemos de retornar a lo verde. Además está de moda, como siempre lo ha estado entre abuelos y abuelas, ¡ahora también entre jóvenes y hasta con los más pequeños!

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Andrea Rubio tiene 30 años y vive en Hamburgo. Estudió periodismo en Barcelona y después de hacer prácticas en múltiples empresas decidió mudarse a Alemania y dedicarse a los idiomas. Ahora es profesora de español. Le encanta viajar, comer y escribir.