Antes de ir a vivir a otro lugar, de pasar una época en el extranjero o simplemente de viajar un largo tiempo, es importante informarse de cómo funciona el sistema sanitario en cada rincón del mundo. Un despiste con tu aseguradora o un desliz en tu cobertura sanitaria puede salirte muy caro. De repente, una tontería como torcerte el tobillo ¡puede vaciar tu cuenta corriente del banco! Así pues, merece la pena dedicarle unos minutos a informarse bien.

A la hora de ofrecer una atención sanitaria existen distintos modelos. Los países de la Unión Europea se dividen en dos grandes grupos: los que utilizan el Sistema Nacional de Salud, también llamado modelo Beveridge, como España, Italia o Reino Unido. Y los que utilizan el Sistema de Seguridad Pública, también llamado modelo Bismarck, como Alemania, Bélgica o Francia. La diferencia entre ambos modelos está, entre otros, en su sistema de financiación. El primer modelo se financia a través de los impuestos que pagan los ciudadanos, y el segundo tiene como fuente principal de ingresos las cuotas obligatorias que pagan las empresas y los trabajadores a sus aseguradoras.

En España el acceso a los servicios sanitarios públicos se realiza a través de la Tarjeta Sanitaria Individual. Este es el documento que identifica a cada ciudadano como usuario en todo el Sistema Nacional de Salud. Entre las prestaciones encontramos centros de salud públicos y consultorios públicos de atención primaria; también clínicas públicas y privadas, donde se tratan las diferentes especialidades, y por último, hospitales públicos y privados.

El hecho de que un centro sea público significa que está cubierto por la Seguridad Social española. Es decir, todos los ciudadanos pagan impuestos y, a través de estos, se paga la sanidad. Por ello, todos los servicios prestados al paciente son gratuitos. En Alemania, en cambio, es obligatorio contratar una aseguradora y pagar cada mes una cuota. En vez de pagar a través de los impuestos, pagas una cuota mensual.

El sistema sanitario español difiere en varios aspectos del sistema sanitario alemán. Por ejemplo, si una persona un día se pone enferma en España, lo primero que hará es ir a su médico de familia. Éste derivará al paciente a otro especialista o le pedirá las pruebas que necesite. Si el paciente no está de acuerdo con el médico de familia que le han adjudicado, tiene derecho a elegir otro, pero en general la gente no escoge ni el hospital ni el médico donde va a ser atendida.

En Alemania, en cambio, si una día una persona se encuentra mal, deberá meterse en internet y buscar un hospital o un especialista al que acudir. A través de su seguro médico o aseguradora –que previamente ha contratado- pagará los costes de su visita. Es decir, la aseguradora paga por la persona, porque ésta paga cada mes su cuota. La población alemana tiene la posibilidad de elegir el médico, especialista y el hospital en el que quiere ser atendido.

Una ventaja de este acceso directo y flexible del sistema sanitario alemán es que los ciudadanos pueden elegir a dónde quieren ir y, por lo tanto, se reducen las listas de esperas de los hospitales y no se colapsan los ambulatorios. Alemania posee una de las listas de espera más cortas a nivel europeo y mundial. No pasa lo mismo en España, donde desde el inicio de la crisis en el año 2008, las listas de espera aumentaron y consiguieron quedar en una de las peores posiciones de Europa.

Otra diferencia entre el sistema sanitario español y alemán es que, en España, los médicos de familia cobran un salario fijo que viene determinado por los impuestos. Los médicos de familia alemanes, en cambio, son trabajadores autónomos y su salario depende del número de prestaciones realizadas.

Recortes en el sistema sanitario español durante la crisis

Valorar un sistema sanitario es siempre una tarea compleja porque cada modelo tiene su parte positiva y negativa. El sistema sanitario español siempre ha sido valorado como uno de los mejores sistemas dentro de la Unión Europea, por su cobertura universal y por la calidad de sus servicios. Sin embargo, durante los últimos años, la buena reputación ha caído en picado. Desde que empezó la crisis en el año 2008, pero sobre todo durante el 2010 y 2011, el gobierno español ha reducido el dinero en sanidad.

Los médicos y enfermeros cada vez trabajan más horas, ganan menos dinero, y hay menos trabajadores por plantilla y por turno. Esto significa que, donde antes trabajaban cinco personas, ahora trabajan tres; donde antes había diez camas, ahora solo hay cinco. Otras medidas de recorte son: el cierre de consultorios y de quirófanos, y menos horarios disponibles para ir a un centro de salud.

También hay menos contratación de trabajadores sanitarios. Las comunidades autónomas, de quienes es competencia la sanidad, dejaron de cubrir bajas y de sustituir jubilaciones de médicos y enfermeros. Otra medida aplicada por el gobierno español durante la pasada legislatura fue excluir a los inmigrantes indocumentados de los servicios de salud gratuitos. Todas las medidas para ahorrar dinero tienen consecuencias directas sobre la salud de los españoles: largas listas de espera para un trasplante de órgano o para una simple operación, salas colapsadas de urgencias y médicos desbordados de trabajo.

Las políticas de austeridad aplicadas por el gobierno tienen un fuerte rechazo de la mayoría de los trabajadores públicos sanitarios, y también de los ciudadanos. Por ello, no resulta raro entrar en un hospital y ver carteles y pancartas colgadas de las paredes con mensajes como: “No más recortes: por una sanidad pública y de calidad”, “No te pongas enfermo, estamos en crisis” o “La sanidad pública no se toca”. Una atención sanitaria eficaz y universal es el pilar básico de cualquier país. La lucha por mantener una sanidad digna, universal y de calidad para todo el mundo debería ser obligatoria. La sanidad en España siempre ha sido una de las más completas y bien valoradas en la Unión Europea, y así debe continuar.

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Antes de ir a vivir a otro lugar, de pasar una época en el extranjero o simplemente de viajar un largo tiempo, es importante informarse de cómo funciona el sistema sanitario en cada parte del mundo. Una equivocación con tu aseguradora puede ser un problema. Una tontería, por ejemplo, torcerte el tobillo, ¡puede vaciar tu cuenta corriente del banco! Por eso merece la pena dedicarle unos minutos a informarse bien.

Hay diferentes modelos de atención sanitaria. En los países de la Unión Europea encontramos dos: el Sistema Nacional de Salud, también llamado modelo Beveridge, en España, Italia o Reino Unido; y el Sistema de Seguridad Pública, también llamado modelo Bismarck, en Alemania, Bélgica o Francia. La diferencia entre ambos modelos está, entre otros, en su sistema de financiación. El primer modelo se financia con los impuestos de los ciudadanos, el segundo con las cuotas de las empresas y los trabajadores a sus aseguradoras.

En España, el acceso a los servicios sanitarios públicos funciona con la Tarjeta Sanitaria Individual. Este es el documento identificativo de cada ciudadano como usuario en todo el Sistema Nacional de Salud. Entre los servicios encontramos centros de salud y consultorios públicos de atención primaria; también clínicas públicas y privadas, donde se tratan las diferentes especialidades, y por último, hospitales públicos y privados.

Cuando un centro es público está cubierto por la Seguridad Social española. Es decir, todos los ciudadanos pagan impuestos y, con estos, se paga la sanidad. Por ello, todos los servicios prestados al paciente son gratuitos. En Alemania, en cambio, es obligatorio contratar una aseguradora y pagar cada mes una cuota. No se paga con los impuestos, se paga una cuota mensual.

El sistema sanitario español y el alemán son diferentes en más cosas. Por ejemplo, si una persona un día se pone enferma en España, va a su médico de familia. Este deriva al paciente a otro especialista o le pide las pruebas necesarias. Si el paciente no está de acuerdo con el médico de familia asignado, tiene derecho a elegir otro, pero en general la gente no elige ni el hospital ni el médico.

En Alemania, en cambio, si una día una persona se encuentra mal, deberá buscar un hospital o un especialista, por ejemplo por Internet. Con su seguro médico –previamente contratado- paga los costes de su visita. Es decir, la aseguradora paga por la persona, porque esta paga cada mes su cuota. La población alemana tiene la posibilidad de elegir el médico, especialista y el hospital.

En Alemania los ciudadanos pueden elegir dónde quieren ir y, por lo tanto, se reducen las listas de esperas de los hospitales y no se colapsan los ambulatorios. Esto es una gran ventaja. Alemania posee una de las listas de espera más cortas a nivel europeo y mundial. No pasa lo mismo en España, donde desde el inicio de la crisis en el año 2008, las listas de espera son cada vez más largas y están en una de las peores posiciones de Europa.

En España, los médicos de familia cobran un salario fijo determinado por los impuestos. Los médicos de familia alemanes, en cambio, son trabajadores autónomos y su salario depende del número de prestaciones realizadas.

Recortes en el sistema sanitario español durante la crisis

Valorar un sistema sanitario es siempre una tarea compleja, cada modelo tiene su parte positiva y negativa. El sistema sanitario español siempre ha sido valorado como uno de los mejores sistemas dentro de la Unión Europea, por su cobertura universal y por la calidad de sus servicios. Sin embargo, durante los últimos años, ya no tiene tan buena reputación. Desde la crisis en el año 2008, pero sobre todo durante el 2010 y 2011, el gobierno español ha reducido el dinero en sanidad.

Los médicos y enfermeros trabajan más horas, ganan menos dinero, y hay menos trabajadores por plantilla y por turno. Donde antes trabajaban cinco personas, ahora trabajan tres; donde antes había diez camas, ahora solo hay cinco. Otras medidas de recorte son: el cierre de consultorios y de quirófanos, y menos horarios disponibles para ir a un centro de salud.

También hay menos contratación de trabajadores sanitarios. Las comunidades autónomas, administradoras de la sanidad, dejan de cubrir bajas y de sustituir jubilaciones de médicos y enfermeros. Otra medida tomada por el gobierno fue excluir a los inmigrantes indocumentados de los servicios de salud gratuitos. Todas las medidas para ahorrar dinero tienen consecuencias directas sobre la salud de los españoles: largas listas de espera para un trasplante de órgano o para una simple operación, salas colapsadas de urgencias y médicos desbordados de trabajo.

Las políticas de austeridad aplicadas por el gobierno tienen un fuerte rechazo de la mayoría de los trabajadores públicos sanitarios, y también de los ciudadanos. Por ello, no resulta raro entrar en un hospital y ver carteles y pancartas colgadas de las paredes con mensajes como: “no más recortes: por una sanidad pública y de calidad”, “no te pongas enfermo, estamos en crisis” o “la sanidad pública no se toca”. Una atención sanitaria eficaz y universal es el pilar básico de cualquier país. La lucha por mantener una sanidad digna, universal y de calidad para todo el mundo debe ser obligatoria. La sanidad en España siempre ha sido una de las más completas y bien valoradas en la Unión Europea, y así debe continuar.

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Sara Stigge
Es nacida en una ciudad cerca de Barcelona y tiene raíces alemanas. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y ha cursado parte de sus estudios en la Universität der Künste Berlin. Compagina su trabajo de periodista entre Alemania y Barcelona, y asegura tener el corazón dividido. Es una apasionada de la vida nómada, las aventuras y la diversidad cultural. Además, le encanta la danza. No os extrañe si un día la veis con un micrófono en la mano y unas zapatillas de ballet colgando de los hombros.