“Somos lo que comemos” es una de esas frases que más ha calado en los últimos años. Aunque de moderna no tiene nada, el filósofo Ludwig Feuerbach nos dejó esta reflexión ya en el siglo XIX.

Sí, somos lo que comemos. Pero, ¿sabemos lo que comemos? O peor aún, ¿sabemos qué somos? A pesar de que cada vez tenemos acceso a más información nutricional, basta con leer las etiquetas de los alimentos para darse cuenta de que no sabemos lo que comemos. Cada vez es más difícil descifrar los ingredientes de los productos. En el supermercado nadamos entre aromatizantes, conservantes, edulcorantes y colorantes, y claro, sus respectivos códigos.

Durante un tiempo no se dieron importancia a estas palabras y dejamos entrar en nuestras vidas diarias la famosa “comida basura”: refrescos azucarados, alimentos refinados, hamburguesas, patatas fritas y un largo etcétera. En la actualidad, mucha gente está optando por una alimentación sana para sentirse bien y prevenir enfermedades. Pero la nutrición no escapa de las interminables teorías que navegan por Internet y, por supuesto, de las modas. Y es ahí donde muchos tienen claro lo que son y otros, nos perdemos por el camino. ¿Somos veganos, somos higienistas, o tal vez, macrobióticos? O, simplemente, intolerantes a una lista interminable de cosas. Para poder decidir qué soy o qué quiero ser, me he sumergido en el mundo de las dietas. Tan pronto como me he puesto a buscar opciones, me he dado cuenta de que, aparte de dietas por salud, hay dietas que se rigen por ideologías, por ecología, ética social o convicción humanitaria.

Quizás, la dieta vegetariana es la primera dieta a nivel global que tiene un trasfondo ideológico. La mayoría de vegetarianos rechaza el consumo de productos de origen animal. Y, claro, dentro del vegetarianismo hay casi tantas variantes como personas. Por un lado, los ovolactovegetarianos, parece que de origen budista, tienen prohibido sacrificar animales. De ahí que puedan comer huevos, leche y derivados lácteos.

Con una manera de pensar más radical, y considerando que más que una dieta es un estilo de vida, tenemos a los veganos. Puesto que excluyen cualquier tipo de explotación animal, tampoco consumen huevos ni productos lácteos. No solo en términos de alimentación, sino también en la vestimenta e higiene personal.

Dejamos ideologías y volvemos al tema de la salud. Los crudívoros se preocupan mucho por los nutrientes de los alimentos que comen, así que basan su dieta en frutas y verduras lo menos peladas posibles y crudas.

Desde Oriente y bajo la filosofía del principio del equilibrio entre el Ying y el Yang, tenemos la Macrobiótica. Para que haya una armonía en la alimentación, los macrobióticos rechazan los productos adulterados con abono químico o industrializados como las conservas, los colorantes o el azúcar. Además, la manera de preparar y condimentar también tiene su importancia. Sin olvidarse de comer en un ambiente sereno y masticar mucho los alimentos. Para ellos, obtener placer a través de las comidas es fundamental.

Y ahora nos vamos a la era Paleolítica a visitar a nuestros antepasados. Según los seguidores de la paleodieta, nuestros genes paleolíticos digieren y aprovechan los alimentos de la era del hombre cazador-recolector, antes de que se desarrollaran la ganadería y la agricultura. De modo que los cereales y lácteos, por ejemplo, no son necesarios.

Y seguimos con la evolución del cuerpo humano. Aquí tenemos la teoría de la dieta según el grupo sanguíneo que uno tiene (A, AB, B, 0). De ahí que diseñen una dieta específica dependiendo del origen de la persona y la evolución del cuerpo humano. El grupo 0 se identifica con el cazador, así que es consumidor de carne y deportista intenso. En cambio, el grupo A es recolector, por lo tanto, le van bien las frutas, verduras y los granos.  El llamado nómada, el grupo B es el equilibrado, al que le sienta bien un equilibrio entre lo mejor del mundo vegetal y animal. Por último, el AB, una fusión moderna de los antiguos A y B, de metabolismo privilegiado que puede comer casi de todo sin que le siente mal.

Aunque parezca increíble, hablando de alimentación y salud, el mundo de las dietas también nos ofrece locuras como la dieta de la solitaria. Ya desde el año 1900 se hablaba de esta dieta y alguna sala de urgencias la conoce bien. Consiste en ingerir huevos de la lombriz solitaria en forma de píldoras. Una vez los gusanos han crecido en los intestinos, absorben la comida y causan diarrea y vómitos. Después de que las lombrices hayan hecho su trabajo, se toma un antiparasitario. O sea, una barbaridad cuyo objetivo sería solo perder peso, claro. Aquí la palabra salud queda muy lejos.

Por supuesto, estas son solo algunas de las dietas más de moda. Términos como la exitosa dieta mediterránea o el “comer un poco de todo”, parecen algo anticuados y dejan espacio a otros términos nuevos como el de la dieta flexitariana o cualquier otro que tenga que venir. Yo pienso que, no porque esté de moda hay que seguir una dieta específica, aunque si juntas un poco de información y le encuentras sentido a algo, ¿por qué no? Aunque tan solo sea por el hecho de escuchar a tu cuerpo y mimarlo un poco. Seguro que te lo agradecerá en forma de energía y buen ánimo. ¡Vale la pena!

 

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Nuestros cuerpos son los alimentos ingeridos. Pero, ¿sabemos qué comemos? ¿O sabemos qué somos? Ahora tenemos más acceso a la información nutricional, basta con leer las etiquetas de los alimentos para saber qué comemos. Pero también es más difícil conocer los ingredientes de los productos: aromatizantes, conservantes, edulcorantes y colorantes con sus respectivos códigos.

Antes no importaba nada de esto. Consumíamos refrescos azucarados, alimentos refinados, hamburguesas, patatas fritas y un largo etcétera. Ahora, mucha gente opta por una alimentación sana para sentirse bien y prevenir enfermedades. Pero la nutrición no escapa de las teorías de Internet ni de las modas. ¿Somos veganos, somos higienistas o macrobióticos? O intolerantes a una lista interminable de cosas. Para poder decidir qué soy o qué quiero ser, me he sumergido en el mundo de las dietas. Hay dietas ideológicas, ecológicas, éticas o de convicción humanitaria.

La dieta vegetariana es la primera dieta global con trasfondo ideológico. La mayoría de vegetarianos rechaza el consumo de productos de origen animal. Pero dentro del vegetarianismo hay variantes. Los ovolactovegetarianos tienen prohibido sacrificar animales, pero pueden comer huevos, leche y derivados lácteos.

Los veganos ni comen, ni se visten, ni hacen uso de nada con origen material.

Los crudívoros se preocupan mucho de los nutrientes de los alimentos y basan su dieta en frutas y verduras lo menos peladas posibles y crudas.

Los macrobióticos rechazan los abonos químicos y productos industrializados como las conservas, los colorantes o el azúcar. Además, la manera de preparar y condimentar también es importante. Para ellos, obtener placer a través de las comidas es fundamental.

Según los seguidores de la paleodieta, nuestros genes paleolíticos digieren y aprovechan los alimentos de la era del hombre cazador-recolector. Por eso, los cereales y lácteos, por ejemplo, no son necesarios.

También existe la dieta según el grupo sanguíneo (A, AB, B, 0). El grupo 0 se identifica con el cazador, consumidor de carne y deportista intenso. El grupo A es recolector, frutas, verduras y los granos.  El llamado nómada, el grupo B, es el equilibrado entre lo mejor del mundo vegetal y animal. El AB puede comer casi de todo.

También hay algunas locuras como la dieta de la solitaria. Desde el año 1900 se habla de esta dieta y alguna sala de urgencias la conoce bien. Consiste en ingerir huevos de la lombriz solitaria en forma de píldoras. Cuando los gusanos han crecido en los intestinos, absorben la comida y causan diarrea y vómitos. Después se toma un antiparasitario. Una barbaridad con el objetivo de perder peso, claro. Aquí la palabra salud queda muy lejos.

Términos como la exitosa dieta mediterránea o “comer un poco de todo”, parecen algo anticuados y dejan espacio a otros términos nuevos como el de la dieta flexitariana.

No hay que seguir una dieta específica por estar de moda, pero si te la pide el cuerpo, ¿por qué no? Seguro que te lo agradece con energía y buen ánimo. ¡Vale la pena!

 

 

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Quiz: Somos lo que comemos

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Unidad didáctica sobre el artículo. Nivel Avanzado (B2)

Esta unidad didáctica es para alumnos de español como lengua extranjera de nivel intermedio-avanzado (B2). En esta unidad nos sumergimos en el mundo de las dietas y las modas en relación a la nutrición. Gramaticalmente nos ocupamos de las oraciones subordinadas adverbiales con verbos en indicativo o en subjuntivo. Además, añadimos un quiz de comprensión. Para acabar, practicamos la expresión escrita en nuestra tarea final.

Unidad didáctica: Somos lo que comemos. Nivel B2.