Hoy vamos a hablar sobre festivales de música. Bueno, más precisamente vamos a hablar en particular de uno de los más grandes en América Latina, que nada tiene que ver con los festivales modernos de música pop o música electrónica:  me refiero al festival nacional de Folklore de Cosquín.

Desde 1961, este festival se celebra cada año durante las últimas nueve noches de enero en Argentina, en la pequeña y hermosa  ciudad de Cosquín, en la provincia de Córdoba, a unos 800 kilómetros de Buenos Aires.  La música que se puede escuchar  es exclusivamente folklore argentino. Esto es zamba, chacarera, malambo, entre otros ritmos.

El festival comenzó originalmente como un evento exclusivamente musical para desarrollar la economía del pueblo, pero hoy es considerado una experiencia folklórica total: en el festival, además de conciertos es posible asistir a diferentes actividades culturales relacionadas con las tradiciones locales. Por ejemplo, hay presentaciones de danzas típicas, comida local o cursos de lenguas autóctonas como Quechua (en la zona de los Andes) y Guaraní (muy presente todavía hoy en la zona de la triple frontera entre Argentina-Paraguay-Brasil y en Uruguay).

Gracias a este festival y a su transmisión por televisión y radio, en las décadas de los sesenta y setenta, la música folklórica argentina vivió momentos de verdadero esplendor y popularidad. Es importante recordar que el panorama musical argentino estuvo siempre separado en dos partes: por un lado la capital, Buenos Aires,  con el mundialmente reconocido Tango y por otro lado, en el resto del país, el folklore, con raíces cien por ciento sudamericanas. Los grandes iconos del folklore argentino se han presentado en el festival de Cosquín ya desde sus primeras ediciones: me refiero a celebridades internacionalmente reconocidas como Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Los Chalchaleros o Alfredo Zitarrosa.

Durante la época más oscura y triste de la historia argentina, la última dictadura militar (1976-1983), con una estructura nacional exageradamente centralizada en Buenos Aires, el festival no fue transmitido por televisión ni radio. Incluso en el año 1978, la misteriosa muerte de Jorge Cafrune – otro artista importantísimo-, mientras montaba su caballo, se piensa que fue  planeada por oficiales del gobierno militar. Pero ni siquiera esto pudo parar el llamado “boom del Folklore”.

Los años y las sucesivas ediciones del Festival de Cosquín pasaron, y el folklore ganó difusión, importancia y popularidad. ¡Y ya no solo en Argentina, sino también en otros países!  En Japón, por ejemplo, se celebra desde 1975 una edición del festival llamado “Cosquín en Japón” y en Stuttgart una plaza lleva el nombre del festival. Nada mal, ¿no?

Desde el año 2001 existe también Cosquín Rock, una versión del festival que lleva el mismo nombre, aunque eso es más una estrategia comercial. Aquí no hay gauchos ni caballos ni danzas típicas, sino que hay (mucha) ropa negra, pelos de colores y música muy fuerte.

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Fran Tursi
Fran nació en Haedo, en lo profundo de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde vivió casi toda su vida. Allí estudió Literatura y desarrolló y refinó sus gustos e intereses. Jugador de fúbol frustrado, articula su vida entre la enseñanza del español y la música. Vive en Berlín desde el 2013.